dijous, 27 d’agost de 2015

¿Colaboras o trabajas?

Pocos eran los que en un momento determinado de la mili no iniciasen la cuenta atrás, esperando la cartilla sellada que certificaba el final de tu Servicio militar obligatorio.
 
Tener en tu propiedad la “blanca”, como se denominaba la cartilla en la Armada Española en la que presté servicio  durante un tiempo, era la vuelta a la “libertad”; no en vano la mili te obligaba a someterte durante unos meses a la voluntad del ejército, representado por mandos militares que en algunos casos, solo podían demostrar su “profesionalidad” a través del poder que les otorgaban sus galones, trasladando una arbitrariedad que hacía desear que aquello acabase cuanto antes.
 
Salvo honrosas excepciones, poca empatía y menor simpatía se generaba entre tropa y mandos, y solo el percibir que cada vez era más cercano el cero de esa cuenta atrás, hacía que aquella situación fuese más soportable.
 
Pero era el ejército, y en ese estamento el organigrama piramidal sólo tenía como objeto hacer indiscutible que quien estaba en un escalón superior mandaba más que el que estaba en uno inferior, y que sus órdenes debían ser acatadas sin discusión, aunque fuesen irracionales, no tuviesen sentido o generasen problemas organizativos en la estructura que tuviesen a su mando.
 
A diferencia del ejército, en una organización empresarial se ejerce la responsabilidad -o debería ejercerse-,  y no únicamente el mando, por lo que ese organigrama piramidal obliga al que está más arriba a generar empatías y conseguir sinergias positivas con una única finalidad: responder a la misión para la que la empresa ha sido creada.
 
Quien tiene encomendada una responsabilidad funcional con personas a su cargo,  debería preocuparle que sus colaboradores dediquen tiempo a atender ese contador inverso, en una clara muestra de falta de sintonía y de implicación, elemento que dificulta la buena marcha de una organización y que incide negativamente en la consecución de objetivos.
 
Cuando he podido participar en algún debate o he tenido la oportunidad, con fines pedagógicos, de que se disponga de mi experiencia profesional, siempre me ha gustado poner un ejemplo simple, como elemento indicativo de éxito en la buena marcha de una organización empresarial.
 
Si es el responsable de una organización el que ha de recordar a los colaboradores que es hora de marchar y desconectar hasta la próxima jornada, es que existe suficiente connivencia y complicidad como para garantizar el éxito de la empresa. Si el reloj es un punto de atención en el que coinciden todas las miradas, es indicativo que la gente no está suficientemente implicada con su tarea, y que no existe la figura del colaborador sino sólo la del trabajador, a semejanza de aquella tropa que debía cumplir con la mili obligatoriamente.
 
¿Colaboras o trabajas?, sería la pregunta.

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