dimarts, 11 d’agost de 2015

Ahora nombre de calles, ¿y después?

Era a primera hora de la mañana, casi de madrugada, cuando por la radio del coche anunciaban que ERC en el Ayuntamiento de Barcelona pedía el cambio de nombre de diferentes calles y edificios de la Ciudad. Ni una ni dos ni tres, sino de varias con nombres de personajes ligados a los borbones en particular, o a la monarquía en general, o de otros sospechosos de no ser “trigo limpio” ni suficiente demócratas.
 
Desde luego, no defiendo la monarquía, sino todo lo contrario; sobradamente me he declarado republicano por creer que la democracia y el estado de derecho son incompatibles con la herencia de responsabilidades políticas y que estas solo pueden ser asumidas desde el ejercicio de la democracia. Pero de ahí a renunciar a la historia va un abismo, y creo que el respeto a los personajes que la tejieron desde la legalidad, no en los que accedieron a ella ilegítimamente, debe ser análogo al respeto que se debe tener s sus partidarios. Y de la monarquía en Barcelona, partidarios hay muchísimos.
 
Entiendo que a un partido político que ya en su nombre se declara republicano, le haga salir sarpullido cuando en el callejero de su ciudad o de su país aparecen nombres explícitamente monárquicos pero, ¿qué solo ellos tienen derecho a no sentirse incómodos? ¿Piensan, por ejemplo, cómo debe sentirse  alguien que, ideológicamente de derechas, deba vivir o trabajar por ejemplo en la Plaza Karl Marx?.
 
Pero creo que lo más grave, a parte de la falta de sensibilidad con las diferentes maneras de ver i vivir una de las ciudades más bellas y cosmopolitas que existen como es Barcelona, es la demostración de que la talla política no les sobra a según qué personajes que tienen la ocupación de velar por los intereses de los barceloneses (como podría ser de otras ciudades), obviando los problemas reales de la sociedad, y para los que ellos tienen la obligación (por eso cobran) de buscar soluciones.
 
Hablando mal y pronto, ¿qué carajo le importa a un ciudadano que sufre pobreza energética, por ejemplo, que la calle Juan de Borbón pase ahora a denominarse Peret o Manolo García o Manolo Escobar o Caballé, por nombrar cantantes i no significativos de movimientos de radicalidad?. ¿O a aquel que está a punto de ser desahuciado en la calle Príncipe de Asturias, le suavizará su desesperación que la orden judicial le llegue con un membrete diferente, por llamarse ahora esa vía Moncho o Cassen o Gila (por cambiar a cómicos?
 
Al final uno llega a la conclusión de que son políticos de medio pelo, que su aspiración es únicamente vivir de la política y que para continuar así deben aparentar que hacen algo que no parezca nada, aunque de momento lo único que ha hecho ha sido aprobar en incompetencia.
 
Sin ser santo de mi devoción, espero que la Alcaldesa Colau no haga suya la iniciativa Bosch en Barcelona.

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