dilluns, 31 d’agost de 2015

El “Als Catalans” de Felipe González

Publica El Pais una carta de Felipe González dirigida “al catalans”, on analitza sobre el procès independentista a Catalunya i, com no podia ser d’altra manera, les xarxes i els diaris digitals s’incendien de tots tipus de crítiques.

Són, majoritàriament sinó tots, comentaris que no aporten res en contra del que opina i defensa l’exPresident, ja que en tots ells s’utilitza la denigració de la seva vida particular i política, com si això fos una raó per treure-li l’autoritat a la seva opinió.

És l’estratègia del fum: com no es tenen contra arguments per a rebatre, utilitzem altres qüestions que no tenen res a veure, i si són d’índole personal i amb morbo, millor. De manual!, com ho demostra el fet de que estan criticant a la persona i no el que diu i raona aquesta persona, perquè encara no he llegit cap afirmació que desmenteixi el que diu González!

Però allò que considero més greu i preocupant és la facilitat amb la que alguns compren aquests comentaris i els projecten públicament, sense ni tan sols haver llegit l’escrit com reconeixen posteriorment, acompanyant-los d’aquells “poca solta, fill de puta, poca vergonya, xoriço, assassí”, entre d’altres epítets que, sincerament, poc aporten i més desqualifiquen als que creuen en aquest procés independentista.

És una opinió respectable que qüestiona aquest independentisme canalitzat pel Junts Pel Sí, amb la que coincideixen molts catalans, avisant del que ell creu que succeirà i “denunciant” situacions de la que som conscients, encara que com a catalans no ens agradi reconèixer-ho.

Diu que estarem aïllats, i ja ara es reconeix el mínim, o quasi nul, reconeixement internacional que té avui aquest moviment. Manifesta que una hipotètica independència deixaria a Catalunya fora d’Europa, i ja des del Junts pel Sí es reconeix que serà així.

I no és lògic fer comparacions històriques si recordem que fa poques dates l’Oriol Junqueres va fer al·lusió a la genètica dels catalans, i cap partit dels que conformen el Junts pel Sí va dir res?. De la mateixa manera que tampoc va fer-ho ningú quan fa poques hores, un destacat independentista com en Jaume Fàbrega, parlava de nissagues catalanes, menyspreant els cognoms acabats en “ez” (Clar, Gonzál”ez”!). I sense oblidar l’arrogació que estan fent de la potestat de parlar en nom de tots els catalans, marcant una línea entre “bons i dolents”. O bé l’oferta que s’ha fet sobre l’obtenció de la nacionalitat a altres autonomies de l’Estat?

El que necessitem els catalans són arguments i contra arguments sòlids que recolzi cadascuna de les tres postures - independència/federalisme/immobilisme-,  no diatribes de confrontació innecessària entre els catalans i catalanes de bona fe que vull pensar, i estic convençut de que així ha de ser, només volen lo millor per a Catalunya defensant qualsevol de les opcions, encara que alguns no respectin l’opció de l’altre.


diumenge, 30 d’agost de 2015

Veto, vetare, vetavi, vetatum

Vetar proviene del latín, del verbo veto, vetare, vetavi, vetatum  cuyo significado es prohibir, impedir, detener, aunque la acepción se aplica también a oponerse, acción habitual en decisiones de gobierno, no tan solo en el ámbito político, que afectan a una colectividad.

La verdad es que aparentemente es una palabra dura, que casi confronta con la aplicación democrática de la toma de decisiones, pero no deja de ser una acción necesaria para salvaguardar los propios principios, aunque sean minoritarios en un grupo, sobre todo cuando esa decisión es manifiestamente ilegal y/o ilegítima, por lo que ejercer ese veto no precisa justificación posible, por ser totalmente innecesaria.

Y me refiero a la actitud del PSC que, aunque ya no sea militante me duele porque no deja de ser mi partido, cuando justifica su veto/oposición aunque mediáticamente lo niega, a que en Sant Feliu se colocase la bandera estelada en la fachada municipal.

Siendo difícil de entender, siempre he intentado diferenciar la formación política (el Partido) con el Grupo Municipal, y quiero pensar que, en este caso, la justificación del veto/no veto se debe a la complejidad de esa dicotomía funcional, pues la posible oposición del PSC a que ondease en el balcón de la Casa Consistorial la estelada era casi obligatoria por principios, sobre todo en el momento actual.

Y como Grupo Municipal, los regidores, siendo corresponsables de las decisiones colegiadas del Gobierno también han debido manifestar su posición, vetando, oponiendo o aceptando explícita o implícitamente la decisión, pues estamos hablando de la ilegalidad que supondría colocar en la fachada del Ayuntamiento un símbolo no reconocido legalmente, al mismo nivel, por ejemplo, si se pretendiese colgar la rojigualda con el águila en el balcón. Pero aquí entra el libre albedrío y la libertad personal de cada Regidor, que entiendo debe respetarse.

Por ello creo que el PSC por principios, y si estos mismos principios son coincidentes (que seguro lo son), con los de los 3 regidores del Grupo Municipal Socialista, no cabe justificación si ha ejercido un derecho de veto y/o oposición.

De todos modos, es lamentable, y así lo manifesté también en un Pleno Municipal en la anterior legislatura, que se haga institucional un acto del que una gran parte de la población no es cómplice ni connivente, arrogándose los 21 regidores una representatividad que a mi modesto entender no corresponde con el sentimiento general de totalidad de la población, como ha sido el de izar la estelada en la Plaça del Mercat.


divendres, 28 d’agost de 2015

Crece la economía pero sigue la precariedad

Crece la economía y el Gobierno, con harta celeridad, se apresura a vanagloriarse mediáticamente para demostrar que tenían razón, y que sus reformas sociales han sido las que han propiciado esta mejora, a pesar de que la herencia política que recibieron dificultaba mucho que se percibiese una tendencia al alza a corto plazo.
 
Pero sin ser economista y solo estando informado de lo que ocurre a nivel mundial, creo hasta yo podría apuntarme este triunfo, pues a la postre las medidas que se han aplicado se basan únicamente en el ahorro y en la contención del gasto, lo que utilizando la aritmética de la suma y resta que se enseña en P-4, sólo puede traducirse en recortes sociales, en recapitalización financiera y en precariedad.
 
Han conseguido un préstamo europeo, avalado por la población, para “sanear” el sistema financiero obligando a los trabajadores y trabajadoras a hacerse cargo de la devolución del mismo, por lo que los bancos, al facilitar el crédito al consumo nos hacen un regalo envenenado con la única finalidad de garantizar que se hagan efectivas las correspondientes cuotas.
 
Han hecho sinónimo el recorte y la austeridad, confundiendo el control y la racionalidad con la dejación y eliminación de avances sociales y colectivos, intentado consolidar un claro retroceso en el estado del bienestar.
 
Y han elevado el empleo estable a la categoría de lujo difícilmente alcanzable lo que implica, al convertir la precariedad en la situación habitual de la clase media, que sea a partir de esa precariedad lo que permita ese cacareado crecimiento, que no debemos olvidar es porcentual, lo que no se traduce en liquidez inmediata.
 
Ello quiere decir que los trabajadores y trabajadoras seguiremos soportando la misma situación precaria, aunque con una particularidad: podremos tener algo más de dinero para consumir, pero solo aquello que quieran que consumamos los que nos dejarán el dinero para hacerlo.


dijous, 27 d’agost de 2015

¿Colaboras o trabajas?

Pocos eran los que en un momento determinado de la mili no iniciasen la cuenta atrás, esperando la cartilla sellada que certificaba el final de tu Servicio militar obligatorio.
 
Tener en tu propiedad la “blanca”, como se denominaba la cartilla en la Armada Española en la que presté servicio  durante un tiempo, era la vuelta a la “libertad”; no en vano la mili te obligaba a someterte durante unos meses a la voluntad del ejército, representado por mandos militares que en algunos casos, solo podían demostrar su “profesionalidad” a través del poder que les otorgaban sus galones, trasladando una arbitrariedad que hacía desear que aquello acabase cuanto antes.
 
Salvo honrosas excepciones, poca empatía y menor simpatía se generaba entre tropa y mandos, y solo el percibir que cada vez era más cercano el cero de esa cuenta atrás, hacía que aquella situación fuese más soportable.
 
Pero era el ejército, y en ese estamento el organigrama piramidal sólo tenía como objeto hacer indiscutible que quien estaba en un escalón superior mandaba más que el que estaba en uno inferior, y que sus órdenes debían ser acatadas sin discusión, aunque fuesen irracionales, no tuviesen sentido o generasen problemas organizativos en la estructura que tuviesen a su mando.
 
A diferencia del ejército, en una organización empresarial se ejerce la responsabilidad -o debería ejercerse-,  y no únicamente el mando, por lo que ese organigrama piramidal obliga al que está más arriba a generar empatías y conseguir sinergias positivas con una única finalidad: responder a la misión para la que la empresa ha sido creada.
 
Quien tiene encomendada una responsabilidad funcional con personas a su cargo,  debería preocuparle que sus colaboradores dediquen tiempo a atender ese contador inverso, en una clara muestra de falta de sintonía y de implicación, elemento que dificulta la buena marcha de una organización y que incide negativamente en la consecución de objetivos.
 
Cuando he podido participar en algún debate o he tenido la oportunidad, con fines pedagógicos, de que se disponga de mi experiencia profesional, siempre me ha gustado poner un ejemplo simple, como elemento indicativo de éxito en la buena marcha de una organización empresarial.
 
Si es el responsable de una organización el que ha de recordar a los colaboradores que es hora de marchar y desconectar hasta la próxima jornada, es que existe suficiente connivencia y complicidad como para garantizar el éxito de la empresa. Si el reloj es un punto de atención en el que coinciden todas las miradas, es indicativo que la gente no está suficientemente implicada con su tarea, y que no existe la figura del colaborador sino sólo la del trabajador, a semejanza de aquella tropa que debía cumplir con la mili obligatoriamente.
 
¿Colaboras o trabajas?, sería la pregunta.

dimecres, 26 d’agost de 2015

Salud, dinero y amor

Como dice la canción, “Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor, y el que tenga esas tres cosas, que le de gracias a Dios”.
 
Por ello, quizás estos sean los tres conceptos que, por encarnar los máximos deseos del ser humano i, por ende, ser también la única reivindicación plausible a la vez que alcanzable que colmaría las aspiraciones de cualquier persona, deberían merecer la atención política y convertirse en esa utopía electoral a la que nos tienen acostumbrados, y que en la coyuntura actual, no por simple sería altamente efectiva.
 
Porque, ¿qué más puede pedir el hombre/mujer que una salud que permita disfrutar de todo aquello que el dinero permita poner a nuestro alcance y poder compartirlo con las personas que deseemos?
 
Y no hablo solo a nivel personal, sino también colectivo, no en vano estos son conceptos plenamente sociales:
 
Una atención sanitaria que, de manera universal, permita llevar una vida en plenitud; suficientes recursos que posibiliten mantener el estado del bienestar a todos los niveles, respondiendo a las necesidades y anhelos de los ciudadanos; y una sociedad que, por tener la garantía de poder alcanzar esos objetivos colectivos, podrá dejar aparcados conflictos de los que se hacen eco aquellos que se aprovechan de la necesidad.
 
Ni grandes proyectos ni grandes obras, que sabemos se convierten en flor de un día (de una campaña electoral) y después pasan a clasificarse como inacabados y, lo que es peor, como inacabables.
 
Ni grandes avances basados en argumentaciones macroeconómicas que, conscientemente traducidas a un idioma incomprensible, no dejan de traducirse en un empeoramiento de nuestra capacidad para alcanzar particularl y colectivamente, mediante el trabajo, nuestras aspiraciones básicas.
 
Y ni grandes estudios, ni promesas ni compromisos con el conjunto de la sociedad, cuando cada día el sufrimiento de millones de personas eleva al grado más alto de la utopía alcanzar la justicia social y la igualdad generalizada que reivindicamos.
 
Puede parecer una perogrullada, ¡de acuerdo!, pero si algún partido político de los que ahora participarán en los comicios electorales que se avecinan centrase su campaña en estos tres conceptos, simples per a la vez complejos, me plantearía seriamente otorgarles mi confianza.
 
Pero claro, no me imagino a un Rajoy, a un Sánchez o a un Pablo Iglesias, por ejemplo, sin olvidar a un Mas, a un Junqueras o a un Iceta cantando y bailando al ritmo de la canción que popularizaron Cristina y los Stop, a finales de los 60.
 
¡Aunque sería divertido, si además fuesen capaces de compartir escenario!

 
 

Permeabilitat política i pactes

No m’agraden els pactes de govern, ni tan sols els d’investidura, especialment els pre electorals encara que tampoc els post electorals, sobretot quan es justifiquen amb una interpretació interessada de la voluntat col·lectiva, adduint allò de que el “poble ho ha manifestat a través de les urnes” quan jo, com la gran majoria de ciutadans i ciutadanes  que també som poble, l’únic que hem fet a través de les urnes, ha sigut recolzar el programa electoral que creiem millor respon als interessos de la societat.
 
Però ja el súmmum és quan aquesta suposada voluntat social s’acompanya amb allò de que “el poble vol un canvi”; una interpretació que només pot fer qui no ha guanyat uns comicis electorals, convertint l’exercici de la democràcia en un simple mercadeig amb l’únic objectiu d’assolir el poder.
 
És cert que l’aritmètica representativa obliga, depèn dels resultats electorals, a trobar acords que permetin donar estabilitat a un Govern, com també és cert que l’únic argument vàlid hauria de ser la coincidència programàtica i, en segons quins àmbits, fins i tot la ideològica.
 
I no em refereixo a les eleccions del proppassat 24 de maig, on sense arguments vàlids i sense respectar la real voluntat del poble, que crec reivindica la permeabilitat que ha de tenir aquell que per haver guanyat les eleccions governa encara que sigui amb majoria absoluta, sinó a les properes convocatòries electorals on ja s’han posat de manifest les incongruències dels pre acords i dels post acords.
 
Si analitzem el 27 S, només des de la basant pactista a la que faig referència, veiem un pre pacte impulsat i acceptat per algunes forces polítiques que, essent ser legal en la seva forma no deixa de ser il·legítima en el fons, doncs l’objectiu real no respon a la legalitat de la pròpia convocatòria electoral.
 
Però a més en el Junts pel Sí al que em refereixo, ni tan sols es donen internament prou coincidències programàtiques, ni molt menys ideològiques, com per a justificar uns pactes pre electorals que haurien de tenir continuïtat post electoralment, perquè si guanyen hauran de confeccionar un Govern de la Generalitat que ha de donar resposta, tant a la seva ambició independentista com a les necessitats de la societat a la que representarà a partir del dia 28.
 
I no podem obviar als altres concurrents a aquests comicis electorals on alguns, sobrepassats per la situació i caient en la manipulació del poder convocant, estan plantejant pactes pre i posts electorals, difícilment justificables ideològica i programàticament, donant-li legitimitat al fons de la pròpia convocatòria.
 
Aquí sí hem de reconèixer la coherència del PSC, negant-se a entrar en aquesta trampa de la que desprès seria molt difícil sortir.
 
O també ens podem referir a les eleccions generals de novembre o desembre on, fins i tot el Ministre utilitza els pactes post electorals com argument per a defensar els Pressupostos Generals de l’Estat 2016, assumint la pèrdua del Govern a causa d’aquests pactes encara que guanyin les eleccions, alhora que el partit que aspira a prendre el relleu al PP, com és el PSOE, també tàcitament assumeix que haurà de instrumentalitzar pactes de Govern o de governabilitat, encara que ja existeix una negativa explícita d’aquells que amb els que podrien tenir més coincidències, i que tambè han manifestat la seva negativa a convertir govern amb ningú, encara que són els màxims exponent de la participació, de la transversalitat i de la lluita contra el les majories absolutes i el bipartidisme..
 
Només la permeabilitat del que té la responsabilitat de governar seria útil per contrarestar una política de pactes, ja plenament establida, generalitzada i assumida malgrat ser perversa, que no representa cap garantia per assolir la necessària regeneració democràtica que reclama la ciutadania.
 
 

dimarts, 25 d’agost de 2015

27-S. Sentimientos Vs. Principios (2)

Personalmente en este tema no me mueven los sentimientos, ni tan solo los principios, por ello mis actuaciones han respondido al pragmatismo convencido que, desde mi responsabilidad, estaba actuando correctamente.
 
Por ello, con el simple ánimo de salir al paso de según qué comentarios, insinuaciones o descréditos que puedo entender responden al interés de justificar al actual Grupo Municipal Socialista, que no creo necesite, o a un desconocimiento interesado de la actuación del anterior Grupo Municipal del que he formado parte durante 8 años y del que durante los últimos 4 he sido portavoz, quiero hacer un repaso a modo de reflexión interna, de las actuaciones que sobre este tema y de manera también torticera, se intentan ahora utilizar para justificar posicionamientos y acciones contra el movimiento independentista al que algunos, desde el PSC, quieren combatir por la vía de la confrontación, y que estoy convencido es una mala estrategia de cara al 27-S.
 
Por puntualizar:
 
Es cierto, fuimos pieza clave, y así se reconoce, para que la estelada ondease un 11 de septiembre (en el 2009 si no recuerdo mal) en uno de los mástiles del Passeig del Mar. La alternativa era perder una votación y que esta bandera presidiese el edificio del Ayuntamiento, generando una proyección mediática innecesaria.
 
Es cierto, también fuimos clave para consensuar autorizaciones, y que el movimiento del “Guíxols decideix” pudiese utilizar instalaciones municipales para hacer sus consultas. La alternativa, una confrontación mediática incontrolada y que los permisos hubiesen sido tramitados y concedidos igualmente.
 
Es cierto, como portavoz defendí la entrada de Sant Feliu en l’AMI, después de haber consultado con la dirección del PSC. Cabe decir que la entrada se hubiese hecho efectiva igualmente, aunque la negativa del PSC hubiese dado lugar a una proyección mediática incontrolada y, posiblemente, perjudicial. Además, sigo pensando que la estrategia inteligente del PSC, hubiese sido que sus regidores hubiesen actuado como representantes de los Ayuntamientos adheridos a esa asociación. Aquí debo reiterar que esta decisión fue con la aquiescencia de la dirección del PSC.
 
Es cierto que nunca he apoyado mociones soberanistas o independentistas, como se puede comprobar, y siempre he justificado mi voto en ese sentido; a nivel colectivo si ha existido unanimidad en el seno del Grupo Municipal o sino a nivel personal; del mismo modo que también es cierto que si otros miembros del GMS optaron por votar en otro sentido fue fruto de una decisión personal que también, en algún caso, respondía a una indefinición que hasta por el propio PSC ha sido reconocida.
 
Posicionamientos y acciones actuales al margen, es cierto que a pesar de que la soberanía y la independencia fueron el detonante para que dos regidores, creo que por sentimientos y principios de los que el PSC era conocedor, optasen por dejar la militancia del PSC (yo la dejé posteriormente por otros motivos totalmente diferentes), opino que la decisión del PSC para no forzar una ruptura y que se continuase trabajando como Grupo Municipal fue la acertada, aunque después no fuese rentabilizada eficazmente.
 
Parto de la base de que todas las comparaciones son odiosas, e intentar menospreciar a unos para ensalzar a otros no creo que sea el camino correcto, ya que lo único que provocará serán reacciones que fomentarán una tensión que incrementará la que sufriremos a partir del día 28-S.

27-S. Sentimientos Vs. Principios (1)

Estoy seguro que no son tantos como dicen, pero para muchos de ellos la independencia es una reivindicación basada en el sentimiento, y al contrario que los principios o los planteamientos ideológicos que pueden ser rebatidos mediante argumentaciones sólidas,  los sentimientos no pueden ser combatidos y vencidos, a no ser que se utilicen técnicas de manipulación, a la que siempre he sido contrario.
 
Y aún así hay quien “continua en sus trece” y sigue utilizando la violencia verbal para controlar esos sentimientos, provocando una reacción que los coloca en el mismo plano que los principios, lo que elimina la potencial efectividad que podría tener la vía argumental.
 
Por eso no entiendo que algunos partidos políticos, a pesar de manifestar su respeto hacia los ciudadanos que por principios o por sentimientos defienden una Catalunya independiente como opción, permitan que algunos de sus responsables locales verbalicen públicamente el menosprecio personal y la crítica negativa como único argumento, alimentando inquinas personales y colectivas que, muy probablemente, tengan un efecto contrario.
 
De sobras conocido es que mi opción nunca ha sido la independencia, y siempre que he tenido la oportunidad he defendido que, a mi modesto entender, no es la opción que mejor respuesta daría a las inquietudes de los catalanes, aunque siempre he considerado legítimo y respetable, desde la libertad en la que como socialista y demócrata  creo, que se esté a favor de esas tesis que, repito, no son las mías, aunque sí las algunos de mis amigos y que, por defenderlas, no han dejado de serlo.

dilluns, 24 d’agost de 2015

Ante el 27-S, se recrudece la “guerra de banderas”

Es pública mi baja simpatía por la manifestación de sentimientos a través de simbología, como pueden ser las banderas, pero aunque convencido de que es una ostentación que no aporta nada, sino todo lo contrario, siempre he respetado a quienes desean mostrar sus posicionamientos través de ese sistema de comunicación, a pesar que yo preferiría que la proliferación de banderas en balcones respondiese únicamente a la celebración de festejos, siendo además temporalmente acotada.
 
Lamentablemente el hacer ostentación política en fachadas es algo habitual y sin limitación en cuanto a visión paisajística ni temporal se refiere, lo que ha convertido el derecho a disfrutar del entorno, como defendía Josep Vicente reivindicando el “dret a badar”, en una aventura imposible.
 
Como si de una declarada guerra de “trapos” se tratara, la gente convierte las calles en una especie de corrala, utilizando las balconadas como tendederos ostentosos de calidad y cantidad, para mostrar al público la talla, el gusto o la marca de su ropa interior, en un claro intento de ridiculizar a su vecino haciendo palpable que su posición es mucho más elevada.
 
Ahora levantamos la vista del suelo y nuestra mirada se topa, ineludiblemente, con el rojo y gualda de las banderas que compiten en esa especie de carrera por monopolizar las fachadas de cualquier ciudad catalana, pero con una cansina monotonía cromatística sólo rota por algún tono azul o por algún escudo constitucional, haciendo palpable que nos encontramos ante un enfrentamiento a semejanza a aquella “guerra de banderas” que hace unos años se hizo famosa en la semana grande de Bilbao.
 
Creo que, por una cuestión de salud colectiva y de convivencia cotidiana, la utilización de las banderas debería circunscribirse, únicamente,  a una demostración de alegría y jolgorio, jamás como símbolo para encabezar posiciones ideológicas; y, ni mucho menos, su utilización debería ser incentivada por responsables políticos elegidos democráticamente, al contrario de lo que están haciendo ahora desde según que ámbitos de poder de la sociedad catalana, pues ello alimenta los enfrentamientos entre ciudadanos que, al generalizarse, no desembocan en nada positivo, como se sabe por experiencia.
 
Quizás los poderes de la administración deberían tomar cartas en el asunto y prevenir problemas ulteriores que, a medida que vayan acercando los comicios del 27 S, sin duda se agudizarán mucho más.
 

Asil Surís i Agglotap

Llegia la nota informativa de de l’Ajuntament publicada per Radio SantFeliu, en referencia a l’ús de l’antiga Agglotap, lligant-lo al projecte de l’Asil Surís.
 
Ja sé que aquesta nota no té res a veure amb la que, a rel d’una noticia apareguda al Diari de Girona el 19 d’agost, jo publicava al facebook dient que el 1 de maig de 2015 també aquest diari publicava que el Govern de la ciutat, llavors conformat pels Grup Municipal de CiU i Socialista: “Sant Feliu elimina l´ús industrial al sòl de la tapera Agglotap. L'Ajuntament firma un conveni amb la propietat que permet el residencial en una illa i de zona verda, a l'altra”.
 
A mi no em fa mal reconèixer el que es fa bé i penso que així havia de fer-ho tothom, i en el Diari de Girona (19/8/2015) només es desprèn que és un “triomf” de l’actual Govern, no reconeixent que és un projecte en el que el llavors Regidor socialista, Joan Vicente, va treballar de valent i que ja es contemplava la reordenació de tot l’entorn.
 
I pel que fa referència al projecte de l’Asil Surís, i que va ser el centre de la campanya electoral de TotsXSantFeliu, només haig de dir que és un projecte engrescador, no sé si urgent però sí necessari per la ciutat i que com a ciutadà, em satisfà que el Govern de la ciutat dediqui esforços per a fer-ho realitat.
 
Però això no treu que, quan a la noticia de Radio Sant Feliu es fa esment a la presentació del projecte que l’Alcalde Carles Motas va fer el 27 d’octubre de 2010 amb la llavors Regidora de Serveis Socials Magda Lupiañez, jo hagi de dir també que és una iniciativa que el 2009 va presentar la Regidora de Serveis Socials Esther Martínez al Govern de la ciutat (llavors conformat pels Grups Municipal Socialista, de TotsXSF, d’ERC i d’IV), i que es va aturar paradoxalment per la negativa de TotsXSantFeliu, com també s’ha de dir el llavors Alcalde de la ciutat, en Pere Albó estava negociant amb el Delegat Territorial de la Generalitat aquest tema, un cop garantida la continuïtat de l’Asil Surís que estava en perill.
 
De tota manera reitero la meva satisfacció al veure que els projectes encetats per altres governs, i millorats, com ha de ser!, poden tirar endavant amb independència dels colors.
 

dijous, 20 d’agost de 2015

Polític no és un insult!

S’ha convertit en un insult perquè ara, exercir de polític és donar per suposat que ets un delinqüent de la pitjor mena que existeix.
 
Hem traslladat la idea de que al polític s’ha la de batre, sense clemència ni miraments, perquè és l’enemic de la societat, doncs roba, enganya, no fot ni clau i cobra molt, i ha provocat l’atur, la inseguretat i no aporta res de bo, raó per la que el polític ha de deixar de ser polític. I aquesta és la raó del per què la societat, lliurement (?), està donant suport a d’altres ciutadans per a que facin de polítics quan defenestrin, que no rellevin, als polítics que actualment estan exercint com a tal.
 
Però desprès de veure els arguments que estan alimentant aquests que aspiren a ser polítics, encara que no ho diguin i reneguin paradoxalment de l’estereotip que representa el polític, un s’ha de preguntar si aquests polítics de nova fornada faran política, o es limitaran a transmetre als polítics (a ells mateixos?), les inquietuds polítiques dels ciutadans; actitud fàcil alhora que irresponsable, doncs no respon a la veritable raó de fer política, que no és altra que prendre decisions.
 
Amb molta preocupació s’ha de mirar la situació que envolta l’exercici de la política, i a quin nivell s’està col·locant a tots els que en un moment determinat decideixen dedicar part de la seva vida a desenvolupar-al, essent necessari trobar fórmules, de manera urgent, que permetin tornar a la normalitat perceptiva de que la política és un noble art d’exercici de responsabilitat, i que el fet que hi hagi gent que faci brut no és un fet generalitzat, ni molt menys, sinó que és l’excepcionalitat d’uns quants que han perdut l’horitzó de l’interès col·lectiu pel personal, obviant el veritable compromís que han assolit.
 
La gran majoria dels que hem fet de polític algun cop, hem treballat com el que més i més, no hem viscut de la política, i hem aportat tot el nostre esforç per a trobar solucions als problemes de la societat;  amb una gran contrapartida, certament, com és gaudir de l’honor que representa fer política a favor dels ciutadans i ciutadanes que t’han donat la seva confiança.
 
Per això, que em diguin polític no és insult, sinó un elogi.

¡Pon un bar en tu vida!

Leía un artículo de Rosa Montero que, aprovechando el anuncio del cierre del emblemático Café Comercial de Madrid, ponía de relieve la incidencia que los bares tienen en la cotidianidad de muchas personas, elevando en algunos casos a categoría de templo estos establecimientos.
 
Para algunos el bar es sinónimo de actividad licenciosa, donde se acude a beber sin sed, o se materializa una huida temporal de la familia; para estos, decir “me voy al bar“ parece ser el anuncio vergonzante de que se acude a un sitio a desarrollar una actividad poco recomendable.
 
Pero no es así y después de ese artículo propiciado por el cierre del Café Comercial,  al que había acudido alguna vez a tomar una simple mediana como llaman en Madrid a un café con leche corto, he hecho memoria sobre los bares que realmente han tenido alguna  importancia a lo largo de mi vida y, sobre todo he intentado recordar a los camareros que, tal y como sacerdotes en una parroquia, son los que dan relevancia a un bar y lo hacen agradable de visitar.
 
De mi primera época de “bares”, sólo algunas imágenes distorsionadas de la cafetería del Liceo donde, animado por lo camareros de punto en blanco, corría entre mesas ebúrneas ocupadas por personas demasiado emperifolladas; o del Asturias de la Plaza Real, donde  patatas fritas compradas a granel y cerveza de barril, acompañaban mis padres aquellos calamares a la romana de los que aún recuerdo, con cierta añoranza, su peculiar sabor y textura. (Aquí apuntar que solo el Corsari de Sant Feliu de Guíxols responde a aquel característico rebozado)
 
Y posteriormente, en compañía de progenitores, padres o abuelos, esperaba el aperitivo del fin de semana en aquel bar del Paseo Urrutia donde los pajaritos fritos, que se exponían en el mostrador formando verdaderas montañas, hacían las delicias de mis padres y mía; como así también algún festivo acompañaba a mi abuelo a la Bodega del Pep, en la calle Cartagena, frente a una fábrica de la cerveza Damm que, a lo largo del tiempo, ya había impregnado a aquel establecimiento oscuro, y posiblemente poco higiénico, de un peculiar olor a cebada y lúpulo.
 
Cómo olvidar el Vergés, en la calle Lauria, donde durante muchos años, sábados y domingos incluidos, acudíamos a degustar un pincho de aquella tortilla de patatas alta y ancha como pocas, aliñada con salsa de aperitivo y acompañada de un quinto estrella que respondía a nuestro exiguo presupuesto de adolescentes.
 
Aquí sí tengo presente a Bernardo, aquel joven camarero sudamericano que nos mimaba con la condescendencia del dueño, que luchaba con algunos clientes para reservarnos nuestro habitual pincho de tortilla, y que aguantaba nuestras bromas, a veces pesadas, sobre su nacionalidad.
 
De aquella época no puedo menos de recordar también la Motserratina de la calle Consell de Cent, sustituto obligado de por cierre semanal del Vergés; o el TokiEder de la calle Diputación, donde el señor Fernando, aquel vasco serio como un palo que “tiraba” la cerveza como nadie, siempre tenía algún detalle -yo creo que a instancias de su esposa- con los amigos que allí nos dábamos cita, sabiendo que nuestra capacidad económica no era como para lanzar cohetes. O el Europa, también en la calle Lauria, compartiendo muchas cervezas con Sotil y Neskens, jugadores el Barça, y donde un camarero, del que no recuerdo el nombre, también nos hacía sentir como en casa.
 
Y alguno más, no cabe duda, que también han marcado momentos importantes de mi devenir, con amigos, en solitario o en pareja, y hasta en muchos casos, por necesidad. Porque un bar, por ejemplo, se puede convertir en el foro debates políticos realmente trascendentes. En el Vergés, sin ir más lejos, se produjo un debate intenso sobre la mayoría de edad a los 18 años, que luego trasladé a la reunión constitutiva del Consejo de la Juventud. O la Montserratina, donde algunas acciones de la lucha estudiantil se decidían con énfasis, aunque después no se llevaran a cabo.
 
O un bar se puede también convertir en el punto de encuentro de jóvenes adolescentes enamorados. No recuerdo el nombre del bar, ni del dueño ni del hijo del dueño ni de los camareros, que eran cómplices de los encuentros entre mi esposa y yo en aquella plaza Ramón Berenguer de la Via Layetana. Era tal la connivencia con los dueños que, cuando les traían muestras de productos, nos ofrecían probarlos, y aquí recuerdo unos berberechos que nunca he vuelto a encontrar.
 
Pero existen los bares de necesidad, aquellos a los que acudes en busca de sentirte en familia cuando estás a centenares de quilómetros de casa, día a día. Esos que camareros o dueños pegan bronca cuando pides algo que saben que no te conviene, o que sin preguntarte te ponen en la mesa aquellos que saben que te gusta, o que te preguntan por familia e hijos aunque no los conozcan. Que perciben cuando te pueden hablar o cuando necesitas estar sólo. Y de aquí sólo quiero destacar dos. Uno hace muchos años en Castellón hoy ya cerrado, el Extremeño,  donde comía y cenaba cada día y la señora se permitía el lujo, que yo agradecía, de pegarme unas broncas de “no te menees”;  o en Avenida América en Madrid, donde acudía a un pequeño bar, con un par de diminutas mesas, cada lunes comía un filete a “mi medida” y unas empanadillas caseras que estaban a la altura de las que hacía mi abuela.
 
Lo peor, de todos modos, es la desazón de encontrarte que al familiar establecimiento del que sientes que también te sientes “propietario”, se le ha dado otra dimensión u otro enfoque comercial, como ahora se define; es como cambiar de familia manteniendo la casa.
 
Un ejemplo, el Vergés, que como puede desprenderse, fue uno de esos bares que marcó parte de mi adolescencia y juventud, cambió de dueño y de camareros, y a pesar de que intentó continuar con la misma filosofía, en absoluto fue lo mismo. Como mínimo, al cabo de los años, ya no tenía nada que ver con lo que había sido; y lo mismo le ocurrió al Toki y al de los pajaritos a los que por curiosidad y morbo, volví en alguna ocasión. Como anécdota, hace ya muchas años y sin recordar el por qué, entré a tomar algo en un bar de la calle Bailén y me encontré al cocinero que en el Vergés hacía aquella deliciosa tortilla. Serio como un ajo porro, como ya lo era, cocinando una tortilla como aquella y en la alegría de verme me explicó su secreto y me emplazó a tomar un pincho con él.
 
No fue lo mismo!

dimecres, 19 d’agost de 2015

Simplemente como catalán!.

Nos tratan como a idiotas, insultando nuestra inteligencia y intentando jugar con la buena fe de todos los catalanes, haciendo efectivo un latrocinio a la altura de un campanario, adueñándose de algo que no es suyo, o no solo suyo, como es el orgullo que representa manifestar la catalanidad el 11 de septiembre, Diada Nacional de Catalunya; porque intentar capitalizar la Diada no es otra cosa que hurtar, imponiendo una marginación que sólo se puede legitimar desde un mal ejercicio del poder.
 
Y lo hacen con la bendición de las autoridades que, con esta actuación sectaria, demuestran que han renunciado a representar a todos los que deberían representar.
 
Por un lado dicen que el acto central del Via Lliure en la Meridiana de Barcelona es de todos, que cabemos todos. Que no es un acto electoralista, de ningún partido o lista electoral, y en cambio manifiestan que aspiran a que sea la “mayor insubordinación democrática al Estado”, como si fuese posible justificar la insubordinación con un pretendido ejercicio de lo que interpretan como democracia.
 
Ya sé que no les importa; que su único objetivo es la ruptura externa y que hacerla efectiva pasa por rompernos internamente, marcando una línea no imaginaria, sino real, que colocará en un lado u otro a los catalanes.
 
Quieren que el 11 de septiembre sea solo de ellos, de los únicos que ellos consideran como buenos catalanes, no de los que siendo buenos catalanes, tanto como ellos a mi modo de entender, no visionamos Catalunya del mismo modo, y que cualquier celebración en torno a la Diada Nacional de Catalunya quieren que sea interpretada como un canto homogéneo a la independencia, aunque sea una falsedad.
 
Si los catalanes queremos demostrar que realmente estamos orgullosos de ser catalanes, y que la independencia, aún siendo una opción legítima aunque no la comparta,  no es la única que puede contemplarse como ordenación de estado, no podemos permitirnos muestras de fuerza y beligerancia hostil contra nosotros mismos.
 
Puedo asegurar que para la mayoría de aquellos que en su momento, hace casi 40 años, salíamos a la calle a exigir “Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia”, la independencia no era la reivindicación que nos hacía enfrentarnos a las fuerzas de seguridad del Estado y jugarnos la libertad que exigíamos; y ahora sería casi orgásmico que este 11 de septiembre se convirtiese en una manifestación masiva, homogénea y monolítica de catalanidad, donde únicamente ondeasen senyeres, como elemento aglutinador y común denominador del sentimiento de todos los catalanes.
 
Lamentablemente soy consciente de que no será así y que la Via Lliure, que no será una marea humana (este año blanca), pero que sí tendrá una afluencia masiva a pesar del miedo al fracaso que dicen tener los organizadores, no será más que un acto electoral, aunque aún no haya comenzado la campaña, de apoyo a una de las candidaturas que participarán en los comicios del 27-S.
 
Pero eso no impedirá que siga celebrando el 11 de setiembre, aunque sea en la intimidad de mi círculo familiar y de amigos, evitando no ser contabilizado como independentista, y a pesar de mi conocida fobia hacia las banderas, me estoy planteando hacer gala de mi catalanismo presumiendo públicamente de una senyera no adulterada.

Simplement com a català!

Ens tracten com a idiotes, insultant la nostra intel·ligència i intentant jugar amb la bona fe de tots els catalans, fent efectiu un latrocini a l'altura d'un campanar, ensenyorint-se d'alguna cosa que no és seva, o no solament seva, com és l'orgull que representa manifestar la catalanitat l'11 de setembre, Diada Nacional de Catalunya; perquè intentar capitalitzar la Diada no és una altra cosa que furtar, imposant una marginació que només es pot legitimar des d'un mal exercici del poder.
 
I ho fan amb la benedicció de les autoritats que, amb aquesta actuació sectària, demostren que han renunciat a representar a tots els que haurien de representar.
 
D'una banda diuen que l'acte central de la Via Lliure en la Meridiana de Barcelona és de tots, que cabem tots. Que no és un acte electoralista, de cap partit o llista electoral, i en canvi manifesten que aspiren al fet que sigui la “major insubordinació democràtica a l'Estat”, com si fos possible justificar la insubordinació amb un pretès exercici del que interpreten com a democràcia.
 
Ja sé que no els importa; que el seu únic objectiu és la ruptura externa i que fer-la efectiva passa per trencar-nos internament, marcant una línia no imaginària, sinó real, que col·locarà en un costat o un altre als catalans.
 
Volen que l'11 de setembre sigui solament d'ells, dels únics que ells consideren com a bons catalans, no dels que essent bons catalans, tant com ells al meu entendre, no visionem Catalunya de la mateixa manera, i que qualsevol celebració entorn de la Diada Nacional de Catalunya volen que sigui interpretada com un cant homogeni a la independència, encara que sigui una falsedat.
 
Si els catalans volem demostrar que realment estem orgullosos de ser catalans, i que la independència sent una opció legítima encara que no la comparteixi, no és l'única que pot contemplar-se com a ordenació d'estat, no ens podem permetre mostres de força i bel·ligerància hostil contra nosaltres mateixos.
 
Puc assegurar que per a la majoria d'aquells que al seu moment, fa gairebé 40 anys, sortíem al carrer a exigir “Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia”, la independència no era la reivindicació que ens feia enfrontar-nos a les forces de seguretat de l'Estat i jugar-nos la llibertat que exigíem; i ara seria gairebé orgàsmic que aquest 11 de setembre es convertís en una manifestació massiva, homogènia i monolítica de catalanitat, on únicament onegessin senyeres, com a element aglutinador i comú denominador del sentiment de tots els catalans.
 
Lamentablement sóc conscient que no serà així i que la Via Lliure, que no serà una marea humana (aquest any blanca) però que sí tindrà una afluència massiva malgrat la por al fracàs que diuen tenir els organitzadors, no serà més que un acte electoral, encara que encara no hagi començat la campanya, de suport a una de les candidatures que participaran en els comicis del 27-S
 
Però això no impedirà que segueixi celebrant l'11 de setembre, encara que sigui en la intimitat del meu cercle familiar i d'amics i evitant no ser comptabilitzat com a independentista, i malgrat la meva coneguda fòbia cap a les banderes, m'estic plantejant fer gala del meu catalanisme presumint públicament d'una senyera no adulterada.

Hipocresía ante el maltrato animal

De verdad, soy de aquellos que no haría mal a una mosca. Bueno, no es cierto; a una mosca, sobretodo si es cojonera, la finaba directamente, del mismo modo que haría con un mosquito.
 
Declaro ser muy beligerante contra el denominado “maltrato animal”, aunque reconozco que en algunos casos mi concepto de “maltrato animal” difiere del que tienen algunas personas de las llamadas animalistas que, confundiendo el uso y el abuso, llevan su intolerancia a límites que yo creo perjudican a los propios animales que quieren defender.
 
No voy a entrar a valorar ni debatir si hay animales que hemos ayudado a “mutar” con objetivos determinados, y si se debe preservar y/o respetar el objetivo para el que la humanidad los sigue manteniendo, ya que siendo un debate interesante a la vez que importante, creo debería afrontarse con mucha seriedad y en otros foros.
 
Pienso que la urgencia es determinar qué debe ser considerado como “maltrato” intolerable y por lo tanto punible, y acotar la definición de la verdadera crueldad sin frivolizar con ella, marcando pautas para obligar a respetar los derechos de los animales, ¡que los tienen!, más allá de condenarlos a una morbosidad existencial por tener como único objetivo la preservación de la especie.
 
Lo que me molesta sobre manera es la hipocresía que rodea ciertas acciones y manifestaciones llevadas a cabo en la lucha contra el maltrato animal, y que se enmarcan en esa aparente intolerancia a la que antes aludía, políticamente correcta pero que contrasta y es desacorde con la actitud habitual de algunas personas declaradamente defensoras de los animales.
 
Todavía recuerdo cuando, siendo Regidor de Sant Feliu de Guíxols, se aprobó una moción prohibiendo las actuaciones circenses que utilizasen animales. Voté en contra porque creía, y creo y así lo argumenté, que debe perseguirse i sancionar al maltratador, y no cerrar los ojos a la realidad basándose en aquello de que “ojos que no ven…”
 
Y siendo consciente de que el problema es poner los límites a la consideración de maltrato, lo que debía obligarse es que los animales que participen en según qué espectáculos autorizados, fuesen tratados sin ningún atisbo de crueldad.
 
Pero lo que en aquel Pleno Municipal donde se aprobó esa moción me sacó de mis casillas fue que, en un municipio vecino a escasos 5 quilómetros, un circo ofrecía espectáculos con domadores y animales “salvajes”, y políticos locales que habían defendido con manifiesta vehemencia esa moción, tenían en el bolsillo las entradas para “disfrutar” con sus hijos de un espectáculo similar al que estaban condenando. Según uno de ellos, “un circo sin animales no es circo”.
 
Estos días muchos se ponen la mano a la cabeza, lamentado la muerte de un caballo que en Barcelona se utilizaba para tirar de un carruaje turístico. La prensa recoge opiniones de todo tipo que, basadas en acusaciones de maltrato, aportan soluciones de lo más variopintas, tales como dotar de motor a los carruajes, lo que implica eliminar ese vehículo típico de la Rambla barcelonesa y que yo en el paisaje barcelonés habitualmente.
 
Sin ir más lejos, comentaba con un compañero de trabajo este hecho y, manifestando que él había visto al caballo en el suelo, condenaba que se utilizase al animal para ese negocio. En cambio no le parecía mal que esos carruajes se utilicen es Sevilla, por ejemplo. Según él, es típico de allí y forma parte de su cultura. De hecho afirma que ha sido usuario. ¿Hipocresía?
 
Tengo un amigo que uno de sus amores son los perros, y en su casa tiene dos o tres que, como yo a veces le digo, cuida y trata mejor que a sus allegados. Yo lo he visto llorar ante alguna imagen de crueldad. Pero sus perros hacen de todo. Saltan, se hacen el dormido, bailan, Vamos, ¡un espectáculo de circo!. A los perros les ha costado castigos y broncas hasta que han conseguido seguir las órdenes del amo. ¿Hipocresía?
 
En Euskadi se celebra una fiesta que se llama algo así como una burrada, que no es otra cosa que sacrificar, cocinar y comer un burrito. Tengo que decir que el asno está criado para este menester. En esa fiesta participa como mínimo una persona que yo conozca, defensora a ultranza del burro. ¿Hipocresía?
 
¡Qué crueldad como ceban las ocas para hacer paté! En su último viaje a Francia me trajo varias muestras de esa magnífica vianda! ¿Hipocresía?
 
Qué me dicen del atún de almadraba, pescado con una técnica en teoría cruel. Pues tengo un conocido, animalista muy activo, con el que he compartido mesa i mantel con este atún más de una vez. ¿Hipocresía?
 
Y ya no hablo de aquel que, opositor empedernido de las corridas de toros, era cliente (no sé si aún lo es), de aquella parada del mercado de la Guinagüeta que sólo vendía toro de lidia. ¿Hipocresía?
 
Realmente hay gente comprometida con la lucha por los derechos de los animales donde la hipocresía no tiene cabida, y aquí me permito la licencia de actuar de manera localista y destacar, por ejemplo, labores como la que realizan Galgos 112 o Progat, que sí se mueven por los derechos de los animales, aunque podamos diferir der algunos conceptos que marcan los límites del maltrato o/y la crueldad.