dissabte, 4 d’abril de 2015

Paranoia delirante o maldad

Hace unos meses durante la celebración de un Pleno Municipal, un político local (a escondidas aunque con testigos), me amenazó con “ir contra mi mujer”; en esas palabras no vi más que la cobarde mezquindad a la que ya nos tenía acostumbrados, aunque después, tras conocer reuniones donde se comerciaba con promesas postelectorales, he entendido que en aquella amenaza había mucho más que un odio enfermizo que hoy todavía no alcanzo a comprender.

Quisiera pensar que la situación se le ha descontrolado, y que al poner en manos de algún enfermo mental lo que podría considerarse como una indigna maniobra de descrédito contra mi persona para obtener rédito político, ha llevado la situación a un extremo que, con total seguridad, acarreará graves consecuencias para todos.

Cuando ayer recibo una llamada informándome de que a la prensa se le ha “pasado” el expediente de una trabajadora del Ayuntamiento de Sant Feliu de Guíxols (que sí, es mi esposa), con un informe del Secretario Municipal (que según acusan he retenido durante meses), donde se afirma que he subido de categoría a esta trabajadora sin haber superado proceso selectivo alguno y que por este hecho se me ha denunciado ante Fiscalía, mi memoria retrocede a cuando hace algunos años el Gobierno Municipal tomó la decisión, pactada, de cambiar de área funcional a quien ha “filtrado”, atendiendo a razones de seguridad hacia terceros, vistas las actitudes y manifestaciones amenazantes.

Como curiosidad, el trastorno delirante o paranoia es un trastorno psicótico caracterizado por ideas delirantes. La persona con trastorno delirante o psicosis paranoica no tiene alucinaciones marcadas, aunque puede sufrir alucinaciones auditivas, táctiles u olfativas si éstas están relacionadas con el tema del delirio u obsesión, que le provoca actuaciones irracionales.

Y también, como curiosidad, el mal o la maldad es una condición negativa relativa atribuida al ser humano que indica la ausencia de moral, bondad, caridad o afecto natural por su entorno y quienes le rodean. Actuar con maldad también implica contravenir deliberadamente usando los códigos de conducta, moral o comportamiento oficialmente correctos en un grupo social.

Hasta hace un momento tenía la duda de si este personaje actuaba bajo la paranoia o de si era la maldad lo que le movía a ello. Hoy tengo la prueba de que sus actos están inducidos por oscuros intereses electorales, que aprovechándose de cierta debilidad mental, no obvian el trastorno delirante del personaje y una gran dosis de maldad que, con total seguridad, ambos comparten.

Ayer comentaba con el periodista, que entiendo que esta situación despierte cierto morbo y que se eleve a la categoría de noticia, pero hacerse eco de ella sabiendo que proviene de un delirio obsesivo o de maldad, creo que hace un flaco favor a la imagen de profesionalidad de los medios de comunicación, al hacerse “voceras” de un juicio que de manera torticera y interesada alguien ya está emitiendo.

Como le decía a uno de los inductores políticos que manipulan al personaje a través de las redes sociales, al asumir implícitamente su protagonismo en este afer, si se entiende que he cometido algún hecho delictivo quien debe dirimirlo es la justicia, evitando por respeto a las personas una publicidad innecesaria basada en acusaciones arbitrarias o no demostradas que generan, en muchos casos, daños irreparables.

Esta manera de actuar sería la decente y que demostraría la buena fe y la defensa de la justicia de la que presumen. Pero claro, no es así, porque en este caso no hay ni buena fe ni la defensa de la justicia, sólo el interés personal o partidista.

Por ello reitero el reto. Que me lleven a los tribunales, y si se demuestra que he cometido algún delito asumiré las consecuencias, como no podía ser de otra manera. Pero si al contrario se demuestra que yo he actuado correctamente, lo que implica que han actuado con maldad porque aquí ya no vale el posible atenuante de enfermedad mental o de interpretación, que se asuma la responsabilidad y atendiendo a esa decencia de la que hace o hacen gala, presenten su dimisión de manera inmediata, paguen las consecuencias y pidan todas las disculpas públicas que merece la situación.

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