dilluns, 16 de febrer de 2015

Recogidas solidarias

Fue el domingo cuando me enteré de que pasado sábado se celebraba una jornada de Recogida de Medicamentos en diferentes farmacias del Estado que, como es habitual i según la prensa, fue una nueva muestra solidaria  de la sociedad con aquellos que carecen de lo más esencial, en este caso medicamentos básicos.

Haciéndose eco de la noticia y del éxito de la campaña, la televisión transmitía imágenes de personas de todo tipo y de diferente poder adquisitivo que participaban en la iniciativa, y debo reconocer que a medida que la noticia se ampliaba, de manera proporcional iba subiendo mi indignación, imaginándome la cara de satisfacción de aquellos que eluden de manera recurrente la responsabilidad que tienen de proteger a sus administrados, escondiéndose tras ese ejercicio de solidaridad colectiva.

Si fuese mal pensado podría sospechar que algunas iniciativas están impulsadas por ellos mismos aunque, conteniendo mi propia indignación y controlando mi subida de bilirrubina, seguro hubiese puesto también mi granito de arena, como en otro tipo de acciones solidarias que también se llevan a cabo.

Estando convencido de que la solidaridad no tiene precio, es de suponer que en este tipo de acciones no debe existir ningún tipo de beneficio económico para ninguno de los actores, pero aún así no dejo de plantearme un ejercicio práctico.
Si acudo a la farmacia y adquiero un medicamento que vale 100 y por el que pago 100 para donarlo en este campaña. Si la farmacia paga por ese medicamento 75, ¿dónde va a parar el diferencial de 25?

Pero voy más allá. Con una campaña de este tipo, se incrementa la venta de estos medicamentos, haciendo necesaria una mayor producción por parte de los laboratorios farmacéuticos que, de manera constatada, es la industria donde sus directivos y asociados han tenido mayores beneficios.

Y de todo esto, la Administración no renuncia a sus impuestos, en esta caso añadidos, y ve como las arcas del erario público incrementan su saldo que, en este caso, debería revertir en sanidad.

Repito que no dejaré de colaborar en este tipo de iniciativas en beneficio de los más débiles o de los que por cuestiones coyunturales están en situación más precaria, pero creo que debemos comenzar a decir basta y no permitir que sigan negociando, impunemente, con la necesidad.  



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