divendres, 17 d’octubre de 2014

Sí, he prevaricado!

Según el diccionario, prevaricar es un delito que se comete cuando una autoridad dicta una resolución arbitraria en un asunto administrativo, sabiendo que esa resolución es injusta.
Como creo que el entender un acto como injusto es una cuestión que, en cuestiones laborales, puede ser subjetivo al igual que interpretar la arbitrariedad, puedo afirmar o, mejor dicho, quiero afirmar, que he cometido prevaricación en el ejercicio de mis funciones como Concejal del  Ayuntamiento de Sant Feliu de Guíxols, en relación a mis actos que han afectado a los trabajadores y trabajadoras; de igual modo que lo he hecho en funciones de cuadro sindical, pero esto es otra historia. Y lo más jodido es que lo afirmo con orgullo, afrontando a cara descubierta todo lo que pudiese venirme encima.
Porque he prevaricado cuando, interpretando la normativa legal vigente, he autorizado a que una trabajadora “disfrutase” de una excedencia o permiso no retribuido con reserva de puesto de trabajo y tiempo no determinado, por cuestiones relacionadas con actos de acoso de difícil constatación legal. (Este fue mi primera acción “prevaricadora” en el 2007 al “aterrizar” en el Ayuntamiento de Sant Feliu de Guíxols).
Porque he prevaricado también cuando, para evitar confrontación y posibles situaciones de conflictividad i enfrentamiento físico, he accedido una movilidad funcional disfrazándola de forzosa por cuestiones de servicio.
Porque también puede considerarse como prevaricar, no tener en cuenta informes psiquiátricos que apuntaban a un posible desenlace de violencia (hasta con armas), a fin de no provocar el despido inmediato de un trabajador.
Porque sí, he prevaricado cuando para dejar sin efecto una dimisión técnica, al creer presentada en un momento crítico de crispación que hubiese provocado un posible despido, autoricé unos días de permiso para calmar los ánimos laborales y políticos, lo que generó una denuncia contra mí, sin comerlo ni beberlo, por malversación de fondos públicos que después fue retirada.
Porque también puede considerarse como prevaricación el haber convertido en personal laboral a más de 30 trabajadores en situación precaria por trabajar en contrato administrativo o de servicios, o sea, sin derechos laborales.
Porque si prevaricar es regularizar y consolidar las retribuciones de los trabajadores, sin supeditarlas a horas extras o a irregularidades horarias, pues sí, he prevaricado.
Porque he prevaricado al consolidar, mediante documento firmado por mí, puestos de trabajo ocupados en situación de interinaje o temporalidad durante años, y a días de que el equipo de Gobierno, que mediante moción de censura quería acceder y accedió al poder, quería eliminar de un plumazo.
Porque he prevaricado al aplicar sistemas retributivos ligando su percepción a la realización efectiva de trabajos, dando estabilidad salarial a los trabajadores municipales que, además, eran los peor retribuidos.
Porque también he prevaricado al haber impulsado y hacer efectivo, por ejemplo, protocolos para actuar contra el acoso laboral, sexual o psicológico.
Y muchas más acciones que me permiten sentirme orgulloso de haber “prevaricado” en beneficio de los trabajadores y trabajadoras del Ayuntamiento y, por ende, en beneficio de los ciudadanos.
Aunque es cierto que me siento asimismo orgulloso de no haber caído en la tentación de ceder a la presión de algunos que, a lo largo de este tiempo, se han presentado en mi despacho para plantearme cierto chantaje político.
I en este caso, como anécdota, quiero recordar la acción de un trabajador que al día siguiente de que el PSC ganase las elecciones municipales hizo efectiva su militancia en este partido, comunicando a los dos meses su baja inmediata si yo no accedía a poner un adorno más en sus galones.
Aquí no prevariqué, y mi fallo fue no haber puesto en conocimiento este hecho en manos de quien fuese preciso. Eso me costó un ataque personal constante (eso sí, siempre desde un cobarde anonimato) y sufrir una contrastada fuga de información hacia la oposición municipal, que luego también fue traicionada.
Pero sí, reconozco, atendiendo a la subjetividad conceptual de la arbitrariedad y de la injusticia que rodean los actos de prevaricato, repito que conscientemente y de manera constatada y contrastada, he prevaricado en beneficio de los trabajadores y trabajadoras, como corresponde a quien milita en un partido de izquierdas como el PSC y a un sindicato de clase como la UGT y por ello aviso, que dentro de los márgenes que siempre me permita la legalidad vigente, continuaré haciéndolo.


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