dimecres, 17 de juliol de 2013

La ocioprofesión

Es peligroso que el ocio se convierta en la única actividad de una persona; es como profesionalizar el no hacer nada y, según mi opinión, no es esta la actitud natural del hombre que necesita siempre estar en permanente estado de actividad.
 
La coyuntura social y económica actual facilita, y en muchos casos obliga,  que lo antes  considerado como hobby, que era en la válvula de escape de las obligaciones cotidianas, se haya convertido en la única manera de ocupar el tiempo, unificando ocio-trabajo o, lo que es peor, convirtiendo el ocio en ocupación, con la frustración que implica trabajar sin remuneración alguna.
 
Recuerdo cuando, en una anterior crisis hace ya algunos años, la petanca se convirtió en la “profesión” de muchos de los ciudadanos que sufrían la precariedad social y laboral del momento. En todas las zonas donde era posible, la administración - yo creo que de manera intencionada y harto interesada - habilitaba zonas para practicar ese deporte, porque era una manera aparentemente inofensiva a la vez que perversa, de desviar la atención de la complicada situación.
 
Ahora, el relevo a la petanca lo ha tomado internet, vertiendo información que el ocioso ya profesional graba en su cerebro de manera indiscriminada (siempre generalizando) como si de un gran disco duro se tratara, pero llevándolo a creerse la persona con más conocimiento del mundo sin pensar que la información, para ser útil, debe ser procesada. (hardware-software).
 
Y para vencer esa autocomplacencia, que acaba siendo frustrante de manera irreparable, ahí está el teclado i las redes sociales para compartir, como si de sexo virtual se tratara, aquello que el onanismo no logra "retribuir" plenamente.
 
Uno navega por Facebook y se encuentra con aquel que, ya a primera hora ha leído toda la prensa digital y, como de si de una carrera se tratara, intenta ser el primero en copiar/pegar noticias y emitir todo de tipo de opiniones y sentencias sobre la actualidad (preferiblemente política), esperando con avidez que a lo largo del día tengan alguna respuesta que le permita entrar en un debate, donde únicamente él pueda estar en posesión de la verdad; donde el discrepante podrá ser vapuleado cruelmente; o bien quedando a la espera de que alguien le diga “Paquillo, eres único, cuánto sabes!!!”, entrando en una especie de orgía virtual donde participan también otros “ociosoprofesionales con disco duro de menor capacidad”
 
No haciendo nada positivo demuestran, fehacientemente, que no tienen nada que hacer y, lo que es más grave, que no tienen intención de hacer nada más de lo que no hacen, es decir, nada, o mejor “nada bueno”, salvo la crítica destructiva que, normalmente esconde con cinismo profundo, sus propias vergüenzas, penurias y contradicciones.

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