diumenge, 9 de juny de 2013

Igualdad de género o sistema cremallera

Cremallera: (hombre-mujer-hombre-mujer-…) o (mujer-hombre-mujer-hombre-…) Este es el sistema que se propone para confeccionar las listas electorales del PSOE, haciéndolo extensivo, por imperativo legal, a todas las candidaturas que concurran a unos comicios electorales.
 
Y he de decir que no estoy de acuerdo.
 
Después de años de lucha para conseguir la igualdad de oportunidades y de derechos entre hombres y mujeres; después de conseguir que el género no sea un factor de discriminación normativo; después de la obligación legal de que en la mecánica representativa estén representados ambos géneros de manera igualitaria, creo que cualquier tipo de movimiento obligacional, como el que propone el PSOE, es reconocer un verdadero fracaso en la aplicación de políticas de igualdad y retroceder significativamente en el tiempo.
 
La mujer, como el hombre, debe tener la posibilidad de acceder a cualquier responsabilidad que pueda desempeñar, en situación de igualdad, sin que el sexo o las situaciones específicas que del género puedan desprenderse (que las hay) sean impedimento para ello.
 
Es quien ejerce una responsabilidad, sea hombre o mujer, quien debe tener toda la sensibilidad para reconocer esas peculiaridades específicas que pudiesen mediatizar el acceso o el desarrollo del otro sexo a cualquier responsabilidad política, social o profesional.
 
A nivel personal afirmo que nunca me ha importado que mi “jefe” sea una mujer, sino todo lo contrario. De la misma manera que tampoco me ha importado pertenecer a un equipo donde la mayoría de integrantes hayan sido del género femenino. En un mundo profesional como el mío, donde la mujer ha tardado en integrarse plenamente, siempre he intentado que las mujeres formasen parte de los equipos de dirección a los que he pertenecido o dirigido, mucho antes de que las organizaciones sindicales o políticas se marcasen como obligatoriedad esa integración.
 
Pero, asimismo, siempre he intentado que la mujer que se integrase en mi equipo tuviese la capacidad necesaria, así como la voluntad, para desarrollar su función, al margen de cuotas de presencia.
 
Por ello, ahora que deberíamos haber superado situaciones de discriminación por razón de género; ahora que ya no debería tener importancia el número o el porcentaje de mujeres o hombres que forman parte de un equipo; ahora que las cuotas de presencia en listas o consejos deberían haber desaparecido; ahora que las situaciones de desigualdad deberían ser como enfermedades ya erradicadas, creo un craso error ahondar en la discriminación, aunque se la quiera vestir de positiva, apostando por un sistema “cremallera” contra el que creo se debe ser beligerante, por entender que escenifica un paso atrás en cuestiones de igualdad de género.

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