diumenge, 24 de febrer de 2013

Derecho a la Intimidad Vs Regeneración Democrática

Sí, ya soy un presuntamente culpable.
 
Únicamente por el simple hecho de dedicar parte de mi tiempo personal y familiar a desarrollar alguna actividad política, ya me coloca en la obligación de demostrar, más allá de toda duda razonable, que soy susceptible de caer en las redes de la corrupción.
 
A partir de ahora, dedicarse a la política, de no remediarse lo contrario, lleva implícita la renuncia tácita a una de las posesiones que más debe valorar el ser humano: la propia intimidad, vulnerando, asimismo, el derecho a la intimidad que tiene su entorno.
 
Porque parece ser que de este elemento tan simple, hacer pública la propia intimidad, depende que la fractura existente entre ciudadanía y políticos desaparezca. Como si los políticos no fuesen ciudadanos, y como si la política fuese sinónimo de delincuencia!
 
No tengo nada que esconder i mis posesiones, mínimas, responden en todo caso, al esfuerzo personal y del trabajo profesional de mi familia.
 
Administrativo, autónomo, funcionario, pescadera, paleta, pintor, profesor son algunas de las profesiones que podrían haber contribuido al patrimonio familiar común y ahora, por el hecho de que algún miembro de esta familia se dedique a la política, aquello en lo que han decidido invertir se convierte en elemento de análisis y debate público.
 
¿Es justo que exponga a juicio público, por ejemplo, si compartiese con mi hijo, cuñado, esposa, hermana o sobrina, por ejemplo, un depósito bancario que hubiésemos decidido contratar, hace ya algunos años, para disfrutar de una merecidas vacaciones en la otra punta del mundo?
 
¿Es justo que mi contribución a un Plan de Pensiones sea objeto de debate público, o que mi capacidad de ahorro, por ejemplo, deba ser cuestionada por mi vecino del quinto?
 
Desde luego, no es justo. Porque es injusto que alguien dude de mi honradez y que me considere presuntamente culpable de una acción delictiva por el mero hecho de dedicar parte de mi tiempo a la política ocasional, y porque algunos personajes de constatada y contrastada falta de honradez hayan decidido faltar a la confianza que los ciudadanos habían puesto en ellos, colocándonos injustamente a todos al mismo nivel.
 
En el ejército decían aquello de que “el valor se le supone”, y creo que en política “la honradez también se debe suponer”, y al igual que en el ejército una deserción o una falta de demostración manifiesta de valor es punible i conlleva una pena, la falta de honradez en política, contrastada y no supuesta, debe ser punible y merecer que caiga sobre ella todo el peso de la ley, porque no estaríamos hablando de un acto meramente delictivo, sino porque sería y es un grave acto de traición hacia la ciudadanía.
 
Ahora esos políticos de alto nivel, “primeros espadas” ya consolidados en la vida política, cuyo “modus vivendi” es el desarrollo profesional de la política, intentan liderar esa llamada “regeneración” política amparándose en la supuesta trasparencia que representa hacer público su patrimonio declarado, al objeto de demostrar su honradez, como si anunciar lo que “declaran” legalmente fuese garantía de que no tienen ninguna posesión más.
 
¡Y lo hacen como si esto fuese una novedad!, cuando ya hace algún tiempo, por ejemplo, algunos políticos publicaron (entre ellos yo), cuales eran sus fuentes de ingresos a través de una declaración de actividades.
 
Claro, con esta acción de aparente honradez y transparencia esconderán que su verdadera falta de honradez no se manifiesta en lo que tienen o en lo que invierten el fruto de su trabajo, entre el que cabe la política; con esta acción intentan esconder la falta del cumplimiento de su compromiso electoral que, a mi modo de entender, no deja de ser un vulneración contractual con toda la sociedad, lo que debería ser considerado como delito de cohecho, prevaricación o malversación de fondos públicos imputable a todos aquellos que participen.
 
Desde luego, por responsabilidad personal y familiar, no voy a renunciar a mi derecho a la intimidad haciendo una declaración de presunta culpabilidad previa, para que algunos ya presuntos delincuentes con clara imputación legal maquillen, que no escondan porque ya no pueden, sus vergüenzas.  

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