dilluns, 20 de febrer de 2012

La austeridad no es la solución

La austeridad asfixia la economía, hace crecer el paro, los ingresos fiscales disminuyen, y con ellos, los recursos del Estado, lo que le incapacita para devolver la deuda”.

No son palabras mías, que las subscribo totalmente aunque ello no importe lo más mínimo; es una afirmación del sociólogo y filósofo francés Edgar Morín que, como quien no quiere la cosa, está considerado como el padre del Pensamiento Complejo, una particular interpretación de lo que se ha dado en llamar transdisciplinariedad y que, en la actualidad, son los asideros epistemológicos que nos ayudan a comprender los fenómenos inéditos de esta nueva visión de la humanidad, la vida, la existencia, el conocimiento y las disciplinas, el desarrollo humano, la sustentabilidad de la especie humana, la educación y las reformas profundas que deben abordarse para suscitar nuevas esperanzas.

Esto no serían más que palabras de un pensador iluminado pero, cuando Morín analiza la situación actual y emite su opinión, no se basa únicamente en un análisis hecho desde la multidisciplinariedad mental de un sofá, sino desde la experiencia, entre otros elementos, de la crisis que en 1929 asoló al mundo.

En esa crisis del 29, sólo salieron adelante los que apostaron por la reactivación económica a través de la financiación de grandes proyectos, como fue el caso de Estados Unidos. Los que para vencer esa crisis optaron por la austeridad, como es el caso de Francia, fracasaron irremediablemente y siguieron estando supeditados a su propia deuda.

Uno debe preguntarse ¿a quién le interesa que la solución de la crisis pase por medidas de no reactivación y de consolidación de deuda? La respuesta obvia por lo sencilla.

Una Europa dispersa, sin políticas económicas y fiscales que respondan a las necesidades de la ciudadanía de los países miembros, sólo puede beneficiar a aquellos especuladores y usureros de gran escala que, escondiéndose bajo la nomenclatura de “mercados”, intentan seguir cobrando intereses de una deuda que ellos mismos han provocado.

Lamentablemente, mientras la fuerzas políticas no entiendan que “el poder de los ciudadanos puede ser decisivo para devolver a los gobiernos la capacidad de resistir a las fuerzas económicas”, como decía Hessel, la situación irá empeorando y las consecuencias cada vez serán más impredecibles.

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