dimarts, 6 de desembre de 2011

El eje franco alemán. Ya no hay Linea Maginot.


Podía pasar cualquier cosa, y así Francia, después del Tratado de Versalles que puso punto final a la primera Guerra Mundial, comenzó a construir la denominada Línea Maginot con el objetivo de defenderse de otro posible conflicto armado provocado por Alemania.

No sirvió de nada y la faraónica obra no sirvió para frenar la voracidad de una Alemania Hitleriana que, en su claro intento de subyugar al mundo bajo el denomina III Reich, desencadenó la Segunda Guerra mundial.

La experiencia es un grado y el Presidente galo Sarkozy, demostrando a voz en grito de que ha destruido cualquier indicio de Línea Maginot, y aplicándose aquello de que “si no puedes contra ellos, únete a ellos”, ha optado por erigirse en fiel escudero de la cancillera Ángela Merkel y bajo una irreal simbiosis entre ambos, crear un ayuntamiento que marque las pautes para conseguir la aparente estabilidad de eso que llamamos Unión Europa.

Pero, teniendo en cuenta esa experiència del siglo pasado, cabe recordar que en esa avidez germana que desencadenó el conflicto no cabe la fusión bajo objetivos comunes, sino la absorción obligada para alimentar los intereses del precursor. Es decir, “bajo mi yugo o contra mi”.

Ayer, ese eje franco-alemán (mejor germano-francófono, por aquello del privilegio protocolario) decidió de manera unilateral y en una clara ruptura de la Europa de los 17 (no ya de los 25) imponer, para su posterior y segura ratificación por el Parlamento Europeo, sus medidas económicas, llegando al extremo de obligar al resto de países a ceder parte de su propia soberanía para responder a sus exigencias.

Porque no somos 25, ni tan sólo somos 17, son 2 los países que marcan el ritmo económico de Europa, como si ellos no fuesen los culpables de la situación de crisis en la que nos encontramos, y como si ellos no estuviesen también en la misma situación de crisis que padecemos en el resto de países de la Unión Europea. Precisamente las Agencias de Calificación, entre ellas Standard&Poor, no valoran positivamente a Alemania y a Francia, sino todo lo contrario.

Parece como si la pareja germano francesa quisiera disimular sus carencias (o sus ansias de poder) con movimientos amenazadores contra el resto de países, escondiendo una propia realidad que, de conocerse, no sería el ejemplo a seguir por parte del resto de miembros.

Como dato significativo destacar que, si bien es cierto que la tasa de paro en Alemania es muy baja, ello se debe en gran parte a que el trabajo se ha repartido entre la población activa, no creando nuevo empleo, sino rebajando horas de trabajo a la par que salarios. Es decir, han corporativizado la necesidad y cooperativizado la miseria.

Si unos de los puntales que debía sostener Europa era que los ciudadanos i ciudadanas de los países miembros creyesen en la propia unión, bajo la complicidad de objetivos comunes dejando en segundo plano fronteras y sectarismos territoriales, mucho me temo que, con la actitud de Alemania y el seguidismo rayano a la babosidad francesa, están matando la ilusión de los que sí creemos en la Unión Europea, aunque cada vez nos cuesta más hacerlo.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada