dilluns, 6 de desembre de 2010

Privatizaciones. Pan para hoy y hambre para mañana


Por enésima vez el Estado, para paliar el pernicioso efecto de la crisis y sanear sus cuentas, opta por la solución más sencilla: renunciando al servicio público, vender sus empresas a quienes han provocado la complicada y caótica situación económica que padecemos.

Ahora le ha tocado a AENA, y si bien es cierto que esta sociedad estatal presenta pérdidas multimillonarias, con la prevista venta se suscitan preguntas obvias.

¿Mejorará el capital privado la gestión y se evitarán las pérdidas? Si la respuesta es afirmativa no cabe más que preguntarse si se ha tolerado una incapacidad manifiesta de los gestores públicos.

Si continúan los balances negativos, como es previsible que ocurra, ¿estarán dispuestos los nuevos propietarios a sufragar las deudas o bien será el erario público el que deberá hacerlo?

¿Serán sensibles a las necesidades de los usuarios o bien, los más que seguros desequilibrios económicos, deberán soportarlos los ciudadanos y ciudadanas mediante tasas o impuestos?

Si, como es normal en este tipo de operaciones, se deben realizar reajustes presupuestarios para conseguir mayor rentabilidad al dejar de conceptuarse el servicio como público, ¿serán los trabajadores y trabajadoras de AENA los que primero sufrirán las consecuencias?

Vender un servicio público como AENA para “hacer caja”, ¿no es una medida arbitraria que sustenta el “pan para hoy y hambre para mañana?

¿Dónde está el punto final de las privatizaciones? Hoy aeropuertos y mañana, ¿por qué no puertos?

Sin estar en desacuerdo que el capital privado pueda participar del sistema empresarial público como medida de cohesión y cogestión, creo que el Estado no puede hacer dejación de su responsabilidad, sobre todo en lo que hace referencia a servicios públicos esenciales.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada