diumenge, 27 de juny de 2010

El PP frivoliza interesadamente con el burka


Paradigma del oportunismo político el debate que ha impulsado el PP en nuestro país sobre la necesidad de prohibir el uso del niqab o burka en espacios públicos.

Estando totalmente de acuerdo en que existen costumbres religiosas que atentan contra la dignidad de la persona y que deben erradicarse en aras de la convivencia igualitaria entre hombres y mujeres, y entendiendo que esta vestimenta, aparentemente atenta contra la libertad de las mujeres y fomenta la discriminación, cabe preguntarse si el mecanismo más eficaz es hacer punible su uso, declarándolo ilegal mediante una prohibición.

Es cierto que en el seno de la propia comunidad islámica existen diferentes líneas argumentales en defensa o rechazo del uso de esta prenda basadas, todas ellas, en una interpretación más o menos integrista del Corán, entendiendo unos que del versículo “Los que creéis: no entréis en los aposentos del profeta si no se os ha invitado a comer, ni sin que sea el momento. Pero cuando se os haya invitado, entrad, y cuando hayáis comido, salid sin daros familiarmente a la conversación. Esto ofende al profeta y se avergüenza de decirlo, pero Dios no se avergüenza de decir la verdad. Y cuando les pidáis algo a ellas hacedlo detrás de un velo: es más puro para vuestros corazones y para los suyos. No podéis ofender al enviado de Dios ni casaros jamás, después de él, con sus esposas. Ello es, para Dios, un gran pecado (Corán, 33, 53)” se desprende la obligatoriedad de su uso, y otros que afirman que del Libro Sagrado del Islam no puede hacerse tal interpretación.

Pero creo que, al margen de interpretaciones religiosas, la valoración debe hacerse desde el punto de vista de la libertad de la propia mujer, en este caso musulmana, a no verse obligada a usar una vestimenta que, visualmente i conceptualmente, ya traslada al exterior sumisión y discriminación frente al género masculino.

Y por ello entiendo que el magnificar el problema del uso del burka o el niqab (de poca repercusión real en la sociedad española) y centrar su solución en la prohibición legal que plantea el PP es crear un problema desde la frivolización interesada, y generar un rechazo innecesario hasta de los no partidarios de esa costumbre que, en absoluto, contribuirá a su erradicación.

Libertad y igualdad, éstos son los conceptos que deben asumir como derecho propio las mujeres y los hombres musulmanes que viven en nuestro país, al margen de creencias religiosas tal y como corresponde a un estado aconfesional como el nuestro, y en ese punto, en el de la concienciación, es donde deben basarse las acciones a aplicar, que ya se están implementando, para alcanzar una plena integración de todos aquellos que, de procedencias diversas, han optado por sentar sus raíces en nuestro país.

· Seguir colaborando con las Comunidades musulmanas, para impulsar la integración social y la convivencia en libertad e igualdad, desde el respeto a la identidad individual y la legítima expresión de las convicciones personales, sociales, culturales y religiosas.

· Fomentar la educación en el respeto a la dignidad personal y la igualdad entre hombres y mujeres, tal como prevén la Ley de Igualdad y la Ley contra la Violencia de Género.

· Seguir desarrollando estrategias coordinadas de prevención, detección e intervención entre instituciones públicas y privadas para garantizar el respeto a la dignidad de las mujeres desde la plena igualdad.

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