dissabte, 22 de maig de 2010

SOLUCIÓN A LA CRISIS. Una obra protagonizada y aplaudida por los NADIES


Es cierto. TODOS debemos contribuir para poder paliar el fiasco de una representación en la que han participado más de 46 millones de personas.

Pero sobre todo, han de contribuir TODOS aquellos que habiendo provocado conscientemente este escenario, se han estado beneficiando de él, como verdaderos tramoyistas a la sombra, calculando y marcando al director los tiempos de cada uno de los actos.

Pero claro, es más fácil cebarse en los más débiles, en aquellos que sí que salen a escena sin darse cuenta que, al mismo tiempo, son también el público que aplaude embelesado su propia actuación habiendo pagado previamente la entrada.

Eso sí, los poderosos quieren seguir siendo poderosos y, auto exculpándose de su interesada irresponsabilidad, abandonan a su suerte al director de escena para que urgentemente asuma decisiones que, de manera irremediable, lleven la obra a un fracaso rotundo.

Pero ellos ya tienen en su poder la recaudación. Cuando los actores se han dado cuenta que se han retroalimentado con sus propios aplausos y que han sido ellos los únicos que día a día han llenado el patio de butacas previo paso por taquilla, ya es tarde.

Los vítores se han convertido en mudos abucheos de vergüenza esperanzada y al director, para salvar la obra, no le queda más remedio que rebajar el precio de la entrada, obligando a todos a seguir desempeñando el mismo papel (de público y de actor al mismo tiempo), a seguir pasando por taquilla, (aunque el deterioro de la escena y del vestuario sea más que evidente) y a aguantar las críticas que ahora hace el antes aprovechado tramoyista. Porque, de manera indecente, se ha auto erigido en el crítico de su propia creación.

Los han convertido en NADIES; en seres obligatoriamente dispuestos a ser utilizados para sus fines; en frutos híbridos nacidos al albur de su propia codicia.

En esos NADIES que definía Eduardo Galeano.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Porque sí; a los NADIES los hace NADIES la debilidad de su propia ambición de conseguir aquello que los lleve a mejorar su calidad de vida.

Pero los NADIES también tienen capacidad de reacción; también saben rebelarse ante el engaño del que han sido víctimas; también saben decir BASTA ante la injusticia y el abuso de confianza. Y los NADIES hemos dichos BASTA.

Pero hay otros NADIES. Aquellos que habiendo salido a escena y aplaudido como entregado público, han tenido también que hacer de taquilleros y acomodadores de la maldita obra.

Son casi tres millones de NADIES que ese director, acuciado por el futuro y por las deudas que la representación ha generado, obliga a pagar más cara la entrada.

No importa que durante todo este tiempo, hasta cuando la taquilla era engañosamente rentable, hayan abonado la entrada a un precio superior al 40 %
.
Los quieren más NADIES que a los otros NADIES. Y lo ponen como ejemplo, de manera populista, para que el resto de los NADIES lo considere como NADIES beneficiados, sin pensar que pagando más cara la entrada, han sido ellos los que estaban obligados a recaudar en taquilla, aunque sin obtener beneficio por ello, y a acomodar al resto de NADIES cuando inconscientemente hacían de público para poder aplaudir su propia actuación.

Pero esos NADIES, los casi tres millones que forman parte de ese staff de la Administración operativa de la representación, el día 8 de junio van a reclamar que no quieren ser más NADIES que los otros NADIES. Que están dispuestos a asumir su contribución como el resto de NADIES pero exigiendo, al mismo tiempo, que aquellos responsables de la promoción de esta escena, ahora maestros de la crítica ácida, participen con toda la recaudación que ha engrosado sus arcas.

Eso sí, que no dejen de preguntarse hasta cuando los NADIES vamos a seguir tolerando actuar como tal.

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