dimecres, 11 de març de 2009

11-M

Hace hoy cinco años, el mayor ataque terrorista de España daba como resultado el asesinato de 191 personas

Era mi época de responsabilidad en el Sector Federal de Puertos de la UGT en Madrid y estaba allí.

No en ninguno de los lugares de la masacre, por suerte, pero sí con la suficiente cercanía como para vivir sentimientos que aún hoy, después de cinco años, me ponen la piel de gallina.
Porque quien sufrió este atentado no fueron sólo las víctimas físicas (191 muertos y casi 2000 heridos), sino todos aquellos que hora tras hora, y algunos día a día, se encontraron con la incertidumbre de si sus familiares y amigos estaban entre esos casi 2000 damnificados.

Que un edificio al que diariamente da vida seis o siete mil personas se encuentre prácticamente vacío, es síntoma de lo que allí se vivía, o mejor, se sufría. Silencio y miedo.
Sí miedo cuando la llamada al teléfono móvil de un compañero o familiar no obtiene respuesta.

¿Qué respondes cuando un familiar se pone en contacto contigo para preguntar si ha llegado fulanito a su puesto de trabajo?

¿Qué consuelo puedes trasladar a una compañera de trabajo cuando la llaman para decirle que su hijo estaba entre las víctimas?

Si a eso le añades la visión tétrica de las decenas de coches fúnebres y ambulancias que entraban y salían de IFEMA donde me encontraba, no por morbosidad, sino por obligación profesional por estar Puertos del Estado frente a esas instalaciones, puedo asegurar que esta situación, este cúmulo de sentimientos, será realmente difícil de borrar de mi memoria.

Pero pensándolo bien, quizás seas mejor no olvidarlo y decicar el 11 M al Día de la intrasigencia y el sinsentido.

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