diumenge, 12 de juliol de 2020

San Fermín desde la distancia


Enviado al Concurso Internacional de Microrrelatos de San Fermín 2020

"Como poco han sido 14000 kilómetros los que he recorrido durante estos últimos 25 años para disfrutar de las fiestas de San Fermín, muchos más si nos remontamos atrás en el tiempo, cuando había gozado de esta celebración con mi padre.


Tras la bendición del patrón en Santo Domingo, han sido 200 encierros en cinco lustros, con sus particulares 850 metros de carreras, pasando por el Ayuntamiento, la calle Estafeta y su curva, hasta llegar a la plaza de toros, lo que permite afirmar que, casi obligatorio, es que uno disfrute de la experiencia de estas fiestas, aunque solo sea una vez en la vida, y no solo por el derroche de adrenalina de esas carreras de apenas unos escasos minutos, sino por todo lo que acontece antes y después.

Vivir San Fermín deja una huella imborrable en cada uno de nuestros sentidos, y aun residiendo a más de quinientos quilómetros, el haber participado presencialmente hace ya muchos años, hace que sea imposible definir como virtual gozar la fiesta desde el sillón y ante una pantalla, pues se sigue disfrutando de la visión, de los olores, del gusto, del tacto y el sonido hasta que se entona el “pobre de mi”"

dimecres, 8 de juliol de 2020

Microrrelatos los niños del paraguas


Dos microrrelatos que envié al concurso "Los niños del paraguas" que organizó la empresa Municipal Aguas de Cádiz en su 25 aniversario.

"¡Agua a la vista!
Era lo bastante grande para imaginar que el mango era el mástil de un velero como los que cada día veían en el puerto y ellos eran lo suficientemente pequeños como para, acomodados en el estrecho e inestable interior del paraguas puesto al revés, pudiesen imaginar ser dos experimentados navegantes.
Una lluvia inesperada y no muy intensa, que de momento solo humedecía su ropa, aumentó las posibilidades de su aventura dándose órdenes uno a otro pues, en aquella pequeña nave, los dos eran sendos patrones.
Pero la lluvia que poco a poco arreciaba y que amenazaba con hacerles zozobrar, les hizo maniobrar de manera sincronizada, y saltando de la cubierta se colocaron bajo la quilla, no para resguardarse, que también, sino para recoger el agua en el interior del sombrero impermeable del paraguas.
Hoy se iba a hacer realidad La idea que a los dos niños les rondaba por la cabeza hacía tiempo, pues podrían demostrar a aquellos que reivindicaban la importancia de ahorrar agua, lo que podrían lograr si convirtiesen el paraguas en una gran nave.
Cruzando el mar de lluvia con el paraguas en la cabeza, los dos se veían gritando ¡agua a la vista!"

"Bailando bajo la lluvia
Ensimismados veían cómo bailaba y saltaba al ritmo de la música, pero, sobre todo, envidiaban cómo chapoteaba divertido en los charcos que la lluvia iba dejando a su paso.
El paraguas complementaría el juego con el que Pablo y Virginia tenían previsto pasar la tarde, una vez el Morfeo vespertino evitase que los abuelos les impidiesen salir al patio a retozar entre el agua que caía a raudales.
No había farola para encaramarse y saltar al inundado suelo para salpicar cuanto más mejor, pero el avellano que utilizaban habitualmente para sus juegos serviría para ese menester, aunque en este caso lo importante era el agua y el paraguas que deberían compartir, pero, sobre todo, las ganas incontenibles de quedar calados hasta los huesos.
Fue corto pero intenso, hasta que el abuelo se asomó para ordenarles entrar, amenazándolos con el correspondiente resfriado, aunque unos labios que regañaban, pero a la vez escondían una sonrisa, indicaban que ganas no le faltaban para unirse a los niños.
De hecho, al recoger el paraguas y con aparente enfado acompañar a Pablo y Virginia a abandonar esa danza, no pudo reprimir silbar y hacer un amago de paso, imitando al bailarín que tanto admiraba"




dilluns, 6 de juliol de 2020

Inconsciente valentÍa


“Me darás lo que saques, y algo más, ¿no?”

Desvío mi mirada de la pantalla del cajero automático y la dirijo hacia la voz que a mi espalda hace esa pregunta, apareciendo ante mi un rostro con máscara y una mano armada con un pequeño estilete.
   
¡No!, ha sido mi respuesta de la que reconozco haberme arrepentido inmediatamente, aún después de reponerme de mi propia osadía y ver reflejada en los ojos del individuo la sorpresa por mi taxativa negativa.

Eso me ha animado a decirle, con fingida valentía, que “prefiero me pinches, a privarles a mis nietos de la ayuda que precisan de su abuelo”

Dos segundos han pasado desde que ese atracador “en grado de tentativa”, sin dejar de mirarme se ha girado y ha optado por marchar andando apresuradamente, musitando algo que yo he querido entender como “lo siento”.

(Microrrelato presentado en el concurso de relatos de Barberà del Vallés)

diumenge, 17 de maig de 2020

Microrrelatos


Sin más pretensión que participar, estos son los dos microrrelatos que he enviado al concurso 7 cepas.


"Y todo comenzó con una copa de vino que, con certero acierto, casi de manera sacra y con el sonido discreto que merecía la ocasión, había vertido en ese cáliz de cristal de tacto frío que encerraba el espléndido caldo que anhelaba con avidez que escapase, para que depositase sus aromas en una pituitaria expectante para acompañar después, al elenco de sabores que tomarían con reverencia mis papilas gustativas, que viendo el color nítido de ese néctar de los dioses presagiaban el placer de los sentidos.
En torno a esa copa de vino, el sentido común había armonizado con la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, los seis sentidos de los que dependo"

"Y todo empezó con una copa de vino, cuando el maridaje entre una intensa lectura y la avidez por saborear aquel líquido sagrado provocó un temblor que acabó mostrando en cuántas piezas puede descomponerse un cáliz de cristal al estrellarse en el frío suelo. la duda estaba en dilucidar cuál era la prioridad, pues apartar la vista del negro sobre blanco era renunciar a ser el protagonista de un intenso argumento; y continuar sumido en esa historia sin la compañía de una copa de buen caldo, implicaba quitar el embrujo que el vino aportaba a la propia obra.
Juro por Baco que no sabría qué decidir de encontrarme en esa encrucijada"





Passar-les putes


Llegint l'articlede l’Albert Soler em preguntava on estan tots aquells que, de manera bel·ligerant atacaven als qui havien decidit dedicar-se a la professió més antiga del món, negant-los el dret al lliure albir, condemnant-les a aquest ostracisme il·legal i privant-les dels més mínims drets.

Això sí, prometent-los que anaven a ser defensades com a dones i que anaven a poder canviar de vida, encara que no volguessin, perquè segons ells “ser puta no és ser dona”, sota la promesa que l'Estat es responsabilitzaria d'elles, dotant-les dels suficients mitjans de subsistència presents i futurs

Aquesta era la justificació per a negar-los la possibilitat de defensar els seus drets com a treballadores i com a ciutadanes encara que, com alguns pensàvem, aquestes accions ens responien més que a un “postureo” polític de radicalitat manifesta que, de manera irresponsable, negava la realitat.

Com a prova irrefutable, el propi relat del periodista que narra com l'Estat, aquí podríem mimetitzar amb el Govern, amb una habitual falta de previsió i perspectiva basada en prohibir interpretant al seu aire el concepte de llibertat, condemna a unes ciutadanes al pacte de la fam per haver-los negat el dret a declarar com volen viure.



Leyendo el artículo de l’Albert Soler me preguntaba ¿dónde están todos aquellos que, de manera beligerante atacaban a quienes habían decidido dedicarse a la profesión más antigua del mundo, negándoles el derecho al libre albedrío, condenándolas a ese ostracismo ilegal y privándolas de los más mínimos derechos.

Eso sí, prometiéndoles que iban a ser defendidas como mujeres y que iban a poder cambiar de vida aunque no quisieran, pues según ellos “ser puta no es ser mujer”, bajo la promesa de que el Estado se responsabilizaría de ellas, dotándolas de los suficientes medios de subsistencia presentes y futuros

Esa era la justificación para negarles la posibilidad de defender sus derechos como trabajadoras y como ciudadanas, aunque, como algunos pensábamos, esas acciones nos respondían más que a un postureo político de radicalidad manifiesta que, de manera harto irresponsable, negaba la realidad.

Como prueba irrefutable, el propio relato del periodista que narra cómo el Estado, aquí podríamos mimetizar con el Gobierno, con una habitual falta de previsión y perspectiva basada en “prohibir” interpretando a su aire el concepto de libertad, condena a unas ciudadanas al pacto del hambre por haberles negado el derecho a declarar como quieren vivir.

dimarts, 28 d’abril de 2020

Aplausos sí. Cacerolada ahora no toca


Llevo saliendo a aplaudir en el balcón de mi casa a los profesionales de la sanidad desde el primer día, aunque bien es cierto que después he querido, como gran parte de los ciudadanos, ampliar ese reconocimiento al resto de personas que durante el confinamiento han estado en primera fila, incluyendo también a aquellos que hemos respetado, con el máximo rigor posible, las medidas que los expertos han diseñado para parar la pandemia.

Las 20 horas zulú se había convertido en un punto de coincidencia entre tiempo y espacio, donde los ciudadanos podían encontrarse para demostrar el convencimiento de que desde la unidad íbamos a salir victoriosos.

Pero hay quien ha visto amenazado su protagonismo y, para minimizar el efecto negativo que representa para sus intereses particulares y partidistas, ha politizado ese acto de manifestación diario, y sin ningún pudor ni ética, desde la manipulación más tosca y zafia, ha intentado manipular la solidaridad y homenaje colectivo que los aplausos representan, a una imagen de apoyo y reconocimiento al Gobierno del Estado, algo total y rotundamente falso, para pasar después al recurso de la cacerolada como forma de protesta “espontanea”.

Yo he salido a aplaudir cada día, cantando el “resistiré” con una voz que no merece ningún halago, pero con el sentimiento íntimo de lucha y agradecimiento, respondiendo con aplausos y alguna que otra lágrima de emoción, a los aplausos de agradecimiento cuando sanitarios, ambulancias, Protección Civil., Policías Locales, Mossos o bomberos hacían sonar sus sirenas al pasar bajo mi balcón, o se ponían a cantar y bailar para, con la sonrisa, hacer algo más agradable esta ya dolorosa situación, dejando al margen el peligro con el que ponían su vida.

No voy a ser yo quien haga el juego a esos insensibles políticos y a sus sumisos acólitos, del mismo modo que no voy a ser yo quien aplauda la gestión que se está llevando a cabo para frenar esta amenaza que, desde mi desconocimiento en virología, epidemiología o sociología aplicada creo que podría ser mejorable, pero tampoco voy a ser yo quien les ayude a romper el mayor vínculo que puede unir a una sociedad, como es el vencer a un enemigo común, en este caso el coronavirus, y que de manera admirable habíamos logrado hacer y hacemos confluir cada día a las 20 horas.

Sólo hace falta mirar las redes sociales para comprobar que estamos ante una campaña política sucia, y donde algunos de esos que hoy son correa de transmisión de las protestas y que se niegan a participar en esos encuentros de reconocimiento y homenaje, demostrando una profunda incoherencia, ayer pedían que no hubiese confinamiento y al día siguiente que sí; o que no se permitiesen desescaladas, como la llevada cabo con la salida de los niños y hoy sí; o que se permitiese trabajar a los no esenciales, para al día siguiente decir que no; o que se quejaban de la actuación de la policía para hoy quejarse de que este fin de semana no había prácticamente agentes de seguridad persiguiendo a los padres.

Vamos, la gata flora, que cuando se la meten grita y cuando se la sacan llora.

Yo voy a seguir saliendo a aplaudir, convencido de que no es con la fractura social, como aspiran a conseguir esos penosos personajes, como frenaremos el virus y conseguiremos reactivar la economía lo más rápido posible y volver a la normalidad.



divendres, 24 d’abril de 2020

Coronavirus. Liderazgo e innecesarios consensos


Viendo y oyendo las ruedas de prensa que, sobre la pandemia, día sí y día también ofrecen los políticos de todos los ámbitos con independencia si tienen algo que aportar, me ratifico en mi convencimiento de que han convertido esta crisis en una carrera mediática con el único objetivo de sacar rédito personal y partidista si el final es positivo o, de lo contrario, que sea el adversario político el que cargue con las consecuencias.

Todos se han convertido en técnicos en curvas, picos, desescaladas, confinamientos y desconfinamientos parciales y totales, con afirmaciones e informaciones contradictorias entre personas del mismo equipo, y que se ponen de manifiesto en el mismo momento que un micrófono les nubla la visión, despertando esa diarrea verbal que al final no es más que verborrea fatua, pero vacía de contenido.

Y no se dan cuenta de que el desconcierto y la inseguridad va haciendo mella en la población, y lo que debía ser un crecimiento exponencial de la confianza en la gestión de la crisis, desde la esperanza de vislumbrar el final cada vez más cercano, se está convirtiendo en una travesía en el desierto donde el único oasis es la agridulce noticia estadística de que “solo” han muerto 367 personas en 24 horas, 73 menos que el día anterior.

Unos fallecidos que, de manera mezquina y ruin, esos políticos han convertido en arma arrojadiza, utilizando hasta acusaciones de asesinato y genocidio, demostrando una falta de empatía con toda la sociedad que no tiene parangón, olvidando que tanta responsabilidad tiene el gobierno como la oposición, pues también la oposición tiene responsabilidad en el gobierno, y que, por ese principio básico, en esta situación no valen reproches ni chantajes, sino aportaciones.

Pero estos politicastros aún van más allá, y se permiten el lujo de negociar con las medidas a aplicar para suavizar la complicada situación en que los ciudadanos estamos sumidos, amparándose en un consenso entre el Gobierno del Estado, -que es quien debe liderar y en teoría lidera la lucha contra el coronavirus- y los gobiernos autonómicos, algo contraproducente pues, como decía una política europea, intentar alcanzar el consenso cuando este no es necesario es una renuncia tácita al liderazgo.

Porque lo que necesitamos ahora es simplemente un liderazgo con toma de decisiones ágiles y expeditivas, aunque no sean del agrado del conjunto de la población y que los ciudadanos y ciudadanas podamos criticar, pero que nos trasladen la seguridad de que vamos todos juntos, porque juntos es el único modo de salir de esta crisis.

Y porque mientras consensuan entre unos y otros, “la casa sin barrer”, y la población obligada a elucubrar qué va a poder hacer o qué no va a poder hacer, sin ninguna certeza, y eso horas antes de que una importante medida se haga efectiva, como ha sido el caso de la salida del desconfinamiento parcial de los niños.

Me pregunto, ¿qué narices debe o quiere consensuar el Gobierno del Estado con los dirigentes políticos de las comunidades autónomas?

¿Por qué el estado debe ceder a las exigencias de determinadas comunidades autónomas, cuando las comunidades autónomas son la representación del Estado en el territorio y se deben a sus criterios y directrices?

Si estamos ante una crisis sanitaria, que yo más bien creo que es social, ¿por qué la convierten en una crisis política, postergando la salud y los intereses colectivos de la sociedad a un segundo o tercer plano?

Ya llegará el momento de pedir explicaciones y depurar responsabilidades, y que aquellos a los que no se les caen los anillos para verter acusaciones de genocidio, asesinato, homicidio o negligencia tengan la paciencia suficiente para esperar a que todo esto acabe para colmar sus expectativas, pero ahora no es el momento de distraer con otras cuestiones a aquellos que tienen la responsabilidad de sacarnos de esta apocalíptica situación.