dimecres, 19 de juny de 2019

Sant Pol de Sant Feliu de Guíxols, un valor patrimonial


Va ser un debat virtual, en resposta a una persona que amb certa vehemència exigia a l’Ajuntament de Sant Feliu de Guíxols que actués als carrers de S’Agaró, doncs estaven en un estat lamentable de deixadesa per falta de manteniment.

I és cert! Res a dir, llevat que si estem parlant de S’Agaró no és a l’Ajuntament de Sant Feliu de Guíxols a qui s’ha de demanar responsabilitats, sinó al municipi de Castell-Platja d’Aro-S’Agaró, que és el seu terme municipal.

Aquesta va ser la meva resposta doncs qui em coneix sap que una de les meves dèries, accentuades durant els 8 anys com a regidor, va ser que es visualitzés la diferència entre S’Agaró i Sant Pol doncs, malgrat que certs interessos comercials i de sobreactuació “fashion” intentaven, i continuen fent-lo, vendre unes excel·lències de S’Agaró quan la realitat és que són de Sant Feliu. Només cal veure la foto de la platja que té S’Agaró.

Però d’aquesta virtual conversa em va preocupar, sobretot, que la persona que argumentava de manera intransigent, diu ser responsable d’una empresa immobiliària i afirma que totes les immobiliàries actuen de la mateixa manera, el que demostra que hi ha una greu manca de coneixement o s’està fent negoci amb dubtosa honestedat, doncs fer aquesta afirmació és faltar a la veritat i, segur que en algun cas, enganyar al client.

De poc li va servir veure que el codi postal és diferent, ni que alguna de les seves ofertes immobiliaris que va aportar com a prova de la seva tossudesa indiquessin Platja de Sant Pol (17220 Sant Feliu de Guíxols). Sembla que ni tan sols el BOE que delimita i defineix S’Agaró serveix. Per aquesta persona Sant Pol no existeix ni té entitat, doncs tot és S’Agaró.

Possiblement el nou Govern Municipal hauria d’encetar una campanya per a posar en valor el patrimoni que representa la Platja de Sant Pol aconsellant, sinó obligant si és possible, a que a les promocions comercials dels establiment que operin a la zona aparegui la realitat, que no és altra que estan a Sant Pol de Sant Feliu de Guíxols.   


dimarts, 18 de juny de 2019

Gilipollas, petardos y convivencia


No sé si son los mismos gilipollas los que hacen las mismas gilipolleces de cada año, pero sean los mismos o diferentes, son esa especie de gilipollas que siempre aparecen al inicio de la temporada canicular para demostrar que siguen existiendo y no son una especie en peligro de extinción y que tienen un único objetivo: hacerse notar dando la nota, o sea, hacer una gilipollez para demostrar que se es un gilipollas.

Son ese elenco de descerebrados que días antes del día 23 de junio, verbena de San Juan, comienzan a avisar que durante los próximos días se dedicarán a quemar artilugios pirotécnicos para producir los mayores estruendos al más alto nivel de decibelios, y así joder al personal.

Porque son conscientes de que joden al personal más allá de lo tolerable, pues los que tienen capacidad normativa para hacer gilipolleces varias no son niños a los que les puede o no divertir tirar petardos, sino que son individuos con espolones a los que les seduce y divierte inducir a que otros individuos, de los que en la mayoría de los casos son progenitores, a hacer el gilipollas.

Y puedo asegurar que algunos de ellos son los que después claman al cielo exigiendo, con cajas destempladas, que se paralicen todos los actos públicos que produzcan ruido pues “han venido a descansar”, y las actividades en la calle se lo impiden. ¡Se necesita ser gilipollas!

Baterías, girasuelos, voladores, fuentes, petardos, truenos, tracas, bengalas, bombetas, candelas, borrachos, femellas, chetes, misiles, etc., son artículos que van ligados a las verbenas, y los que no somos amantes de los petardos por cuestión de edad, de consciencia, de experiencia y de responsabilidad debemos aguantar estoicamente, y así lo haremos, su uso y abuso.

Pero me pregunto si es necesario que las verbenas se inicien días antes y no se circunscriban al día que toca y a lugares habilitados, pues esas manifestaciones sonoras hechas cualquier otro día, alguno podrá calificarlas como de libertad de expresión aunque jodan al vecino, pero no tienen sentido y son un atentado a la convivencia, y como tal, solo pueden considerarse como gilipolleces protagonizadas por verdaderos gilipollas.

dilluns, 17 de juny de 2019

Quieren ser eurodiputados olvidando mis derechos


¿Qué mis derechos como ciudadanos no tienen valor?

¿Es que mis derechos tienen menos valor que los de aquellos a los que yo, como ciudadano, les he otorgado la confianza para que me representen como español en la Unión Europea?

Porque tratándose de derechos, pues a una supuesta vulneración de derechos siempre se remiten, se olvidan de los derechos del conjunto de la ciudadanía a los que ellos deben someterse por mandato democrático y que, por negarse a cumplir con los requisitos que marca la legalidad vigente, ellos sí están vulnerando.

Se presentaron a unas elecciones europeas en el conjunto del estado español, en representación del estado español, y para ser eurodiputados defendiendo los derechos del estado español ante la Unión Europea.

La normativa exige que acaten la legalidad, jurando o prometiendo la Constitución española.

Los procedimientos para que el Estado español les entregue el acta de eurodiputado obligan a que ésta deba ser recogida presencialmente en el Congreso de los Diputados español.

Y a partir de aquí pasarán a ser eurodiputados con todos los derechos, pero también con todos los deberes, y percibirán unos cuantiosos emolumentos por ello.

Pero claro, ellos intentan saltarse todos los pasos pues, de manera sobradamente clara, lo importante para ellos es cobrar ese salario y defender sus propias convicciones políticas e ideológicas que, paradójicamente, no coinciden con la gran mayoría de los 47 millones de españoles, entre ellos yo, a los que se deben.

Han confundido perversamente derecho y deber, olvidando que el derecho es sobre todo, de los ciudadanos que ellos tienen el deber de defender, y siendo así una vulneración consciente que hacen Puigdemont y Comín de mis derechos, me parece harto correcto el que no se les permita ser eurodiputados.


dissabte, 15 de juny de 2019

Pactos municipales=Intereses particulares


Hoy, constitución de Ayuntamientos tras las elecciones municipales del 26 de mayo, recordaba un amigo la frase del filósofo francés “La política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular”, pensamiento que es el espejo de la realidad pues, tras esos comicios electorales, se demuestra que para los “elegidos” lo fundamental es su interés particular y no el de los ciudadanos y ciudadanas que confiaron en ellos.

Otra frase de este filósofo francés también tiene hoy plena vigencia: “luchar para comer es duro, luchar para dominar es ridículo”, pues en el final de este serial de pactos que hoy finaliza, fruto de las más que ridículas maniobras orquestales para seguir “comiendo” de su propia acción i/o inoperancia política, coinciden sus intereses particulares con el objetivo de conseguir poder al precio que sea, aunque sea mostrando las propias vergüenzas al negar sus propias afirmaciones públicas.

Aquellos vetos y cordones sanitarios, contrarios a toda lógica democrática, y tantas veces lanzados como valor de dignidad por propios y voceros, han quedado relegados a la mínima expresión de dignidad particular y colectiva.

Sólo cabe recordar manifestaciones públicas, afirmando taxativamente y con vehemencia que con tal o cual partido o persona no se pactaría. Y hoy podemos comprobar que era una burda farsa electoral.

El PP gobernará apoyado por partidos políticos a los que ha satanizado durante la campaña electoral, del mismo modo que también lo hará el PSOE o C’s o PODEMOS, al mismo nivel que lo harán los partidos de extrema derecha o independentistas, porque a la hora de “tocar pelo” o “tocar poder” para la mediocridad política todo vale, pues la coincidencia programática o en último caso la ideología, tiene poca o ninguna relevancia frente a la necesidad de ocupar el sillón como “modus vivendi”.

Cabe recordar aquello de que “con Rivera no”, con el compromiso de no llegar a acuerdos o pactos si la militancia del PSOE no lo aprobaba. No con PODEMOS o no con el PP, y hoy en alguna población el PP o PODEMOS gobernará con la aquiescencia de uno o de otro. No con independentistas o no con constitucionalistas del 155, y unos u otros se han tragado la bilis y han antepuesto sus intereses particulares. 

Por todo ello, y a mi modesto entender, hoy se visualizan pactos de gobierno indignos, más cuando algunas justificaciones se basan en la amenaza del recurso de la moción de censura que, aun siendo legales, no creo sean el mejor mecanismo para afrontar una nueva legislatura, como si de una amenaza o espada de Damocles se tratara. Pues poco o nada importa el buen gobierno, sino el poder

Hoy, a mi modo de entender, en muchas instituciones se consolida un fraude electoral y una traición a votantes (y ya no digo a militantes, pues cabrearse corresponde solo a la militancia de los partidos) porque hoy, aquellas promesas y/o peticiones que tras las elecciones se verbalizaron se han dejado en segundo término.

Lo que hoy podría ser el inicio esperanzador de nuevas legislaturas se ha convertido en un mercadeo que a mi me produce pena y desafección.


diumenge, 9 de juny de 2019

¿Pactos o segundas vueltas?


Simple y llanamente es un abuso de confianza, más allá de fraude y ataque a la propia democracia, pues utilizar los votos para conseguir el poder personal a través de pactos, argumentando que hemos sido los ciudadanos y ciudadanas los que lo hemos decidido así, es una burda mentira lanzada con mofa y escarnio, y un insulto a la inteligencia colectiva.

Porque estos políticos que después de las elecciones están ofreciendo este lamentable espectáculo de pactismo, se han marcado como único objetivo llegar al poder, obviando que gobernar no es un objetivo en sí mismo, sino el medio para responder a la confianza que los ciudadanos y ciudadanas les hemos otorgado para que cumplan con su programa electoral.

Las coincidencias programáticas, que deberían ser el eje sobre el que girasen el inicio de cualquier diálogo para alcanzar acuerdos de gobierno ya no tienen ninguna importancia, pues lo único que centra la discusión son las nalgas que ocuparán los diferentes sillones.

Es un mercadeo intolerable de políticos a la venta, convirtiendo las instituciones en un lupanar de dimensiones impresionantes, donde los recursos que se utilizan para comerciar son los que confiadamente los votantes les hemos puesto en sus manos.

Pero se equivocan si entienden que el ejercicio de la democracia finaliza en el acto de depositar la papeleta en una urna, como si de un cheque en blanco se tratase. ¡Todo lo contrario, ahí empieza o debería empezar todo!, pues es a partir de ese momento cuando los ciudadanos debemos empezar a fiscalizar con toda la responsabilidad lo que hacen y van hacer con el volumen de confianza que les hemos otorgado; derecho y deber al que no debemos renunciar.

¿Qué lógica es ésta que permite a un grupo político negociar con cualquier otra opción y asumir acuerdos de gobierno, aunque estén a las antípodas ideológicas o programáticas?
Siendo una realidad que cualquier acuerdo negociado comporta cesión explícita e las posiciones, ¿qué legitimidad tiene un partido político a renunciar a ciertas partes de su oferta sin consultar a quienes le han dado soporte?

Si tal y como anuncia algún partido, “antes de suscribir un pacto lo consultará con sus militantes”, ¿las decisiones que afectan a 47 millones de ciudadanos y que votaron casi 27 millones las tomarán el medio millón de militantes que como máximo tienen el conjunto de partidos políticos? ¿A esos 27 millones de ciudadanos se les quita la voz en el momento de depositar la papeleta?

Creo que supeditar a gobernabilidad en cualquier ámbito a una política de pactos basada en intereses partidistas o personales, como está ocurriendo en este momento, es poner en peligro la propia democracia, generando tanta desafección como pudo generar los episodios de corrupción que hemos sufrido.
Yo, como ciudadano que he cumplido con el deber que me otorga el derecho a votar, rechazo que me intenten subyugar e intenten acallar mi voz, y quiero seguir ejerciendo mi derecho a opinar sobre la composición del gobierno al que democráticamente se le ha otorgado la confianza.

Y solo hay dos modos posibles.

Que gobierne la candidatura más votada, a semejanza del gobierno denominado a la portuguesa, con mecanismos de evaluación del cumplimiento en los que debería también participar la ciudadanía, no solo los políticos.

Que se diluciden las posiciones en segundas vueltas, con lo que serían únicamente las urnas quienes legitimarían cualquier opción.

Por su sencillez y viabilidad, prefiero la segunda vuelta.

dimecres, 5 de juny de 2019

El oficio más antiguo del mundo


Si por lo siglos de los siglos nadie ha sido capaz de erradicar el oficio más antiguo del mundo, como es la prostitución, era absurdo pensar que desde la ilegalización y la correspondiente   penalización de su ejercicio se iba a hacer desaparecer esa práctica.

Porque tanto el que ejerce esa actividad como profesional (sea por obligación o devoción, porque de todo hay), como el usuario habitual o esporádico buscará todas las argucias para sortear las medidas coercitivas y sus correspondientes sanciones.

Por ello cuando hace unos meses, en respuesta a la petición de legalizar un sindicato de profesionales del sexo, se erigió la respuesta beligerante de diferentes sectores de la sociedad para evitar su inscripción y puesta en marcha, basándose en la ilegalidad de esa actividad y generalizando argumentos subjetivos de dudosa solidez realista, me preguntaba si el final de ese movimiento de protesta iba a traducirse en algo realmente positivo para solucionar aquello que para muchos puede significar un problema.

Y me ponía el ejemplo de la economía sumergida, de aquello que se denomina el “trabajo en negro”, donde la Administración persigue y a la vez intenta ayudar al infractor para legalizar el desarrollo de su negocio, aunque cabe decir que las medidas son generalmente insuficientes.

En cambio, en el ejercicio de la prostitución la única medida que se ofrece es la persecución de la actividad y su ilegalización, lo que incentiva la imaginación para encontrar mecanismos alternativos y contribuye así a la proliferación de proxenetismo, pues los que se dedican a esta actividad saben que las medidas de “reinserción” social que se ofrecen (y que no todas las personas que se mueven en este ámbito reclaman) son insuficientes, ineficaces y poco prácticas, con lo que al final la Administración actuará bajo el “ojos que no ven…”

Al resurgimiento del ahora denominado “sugar dating” (que no es un fenómeno nuevo), y que como dice una “sugar baby” no es más que prostitución adornada, se me suscitan algunas preguntas.  

¿No lógico no sería perseguir al proxeneta que se aprovecha de la persona que ejerce la prostitución, y no castigar a quien la ejerce, ya sea por obligación o devoción que, repito, de todo hay?

¿Con medidas coercitivas, no se está limitando la libertad de las personas, negando la propia realidad?

¿Lo práctico no es regular para controlar el ejercicio de la actividad, y no simplemente prohibirla?

Creo que la prostitución es un tema se utilizó, se utiliza y se seguirá utilizando por los siglos de los siglos como elemento de sobreactuación para acallar conciencias, dándole interesadamente cariz de problema generalizado impidiendo así soluciones efectivas para aquellas personas que sí están realmente en situaciones denigrantes.


dimarts, 4 de juny de 2019

L’aritmètica dels resultats electorals


Simplement són xifres fruit de càlculs, que poden ser interpretables subjectivament en resposta a l’interès particular de cadascú, però que poden servir per a reflexionar sobre la legitimitat social que tenen els resultats d’unes eleccions, i si no s’hauria d’aprofundir en l’evolució del sistema democràtic per a que realment fos representatiu de la voluntat de la ciutadania.

Com exemple, una població de 21824 habitants, amb un guanyador clar a les eleccions aconseguint un 37,79% dels vots, i que en aplicació de la Llei d’Hondt el deixa a un pas de la majoria absoluta, és a dir, 10 de 21 regidors, encara que un 84,17 % (18370 ciutadans) no hagi recolzat aquesta opció.

Però també cridaner són els resultats de la resta de grups que formaran part del Consistori i que, tant estant a l’oposició o al Govern, tindran responsabilitat en la gestió municipal malgrat no haver estat recolzats pels seus veïns i veïnes en percentatges respectius del 93,92% (20498 ciutadans), del 94,25% (20571 ciutadans), del 94,52% (20629 ciutadans), del 97,48% (21276 ciutadans) i del 97,58% (21297 ciutadans).  

És cert que en xifres globals aquests càlculs es poden maquillar, però la realitat és que un 61,9% dels ciutadans i ciutadanes (13521) no han recolzat als 21 regidors que defensaran els interessos de la ciutat durant els pròxims 4 anys.

I no val a dir que aquesta reflexió és demagògica, basant-se en la realitat que tots aquests que no han donat recolzament a aquestes opcions, o bé no podien votar per qüestions d’edat (encara que no podem oblidar que alguns d’ells podrien formar part del cens de votants en un molt breu espai de temps), o bé no van voler fer-ho, o bé van votat a altres grups que no han aconseguit representació, afavorint a altres concurrents segons la llei.

Però imaginem que els càlculs es fan de manera percentual, respectant la igualtat del valor de cada vot agafant com a referència els vots emesos o el cens de votants o la població.

En relació als càlculs sobre els volts emesos, que es podrien considerar més respectuosos amb la realitat representativa dels sistema, els resultats estarien en 8; 3; 3; 3; 1; 1; 1; 1; 1.

Si els càlculs són sobre el cens de votants, els resultats serien de 5; 2; 2; 2; 1; 1; 1; 1; 1; 1. 
És a dir, 17 regidors en comptes de 21, essent generosos.

De la mateixa manera que també la generositat aritmètica conformaria un Consistori de 16 regidors (4; 2; 2; 2; 1; 1; 1; 1; 1; 1) en comptes de 21, si es prengués com a referència el conjunt de la població.

Dades que poden ser significatives, però que són una simple reflexió.