dimecres, 16 de setembre de 2020

Se opositan ellos mismos

Sesión de control en el Congreso de los Diputados, y al mismo tiempo, debate de política general eel Parlament de Catalunya y yo, siguiendo con mi masoquismo declarado en este tema, he simultaneado por televisión los dos eventos.

Reconozco que he sentido vergüenza ajena viendo y escuchando los debates, viéndome a decir que los políticos que hoy ocupaban sus escaños en representación del conjunto de 455 (135 + 350), han ido a justificar sus retribuciones riéndose de los ciudadanos, olvidando que están en la sede de la representación popular, y no en un concurso de monologuistas donde cada uno intenta demostrar que levanta más sonrisas que el adversario.

¡Pero no hacen gracia! ¡Ni gobierno ni oposición!

Si no me equivoco, las preguntas de control son conocidas previamente por el gobierno, con lo que afirmar que tienen tiempo de prepararlas es indiscutible, por lo que cabe suponer que las respuestas serán concretas y aportarán aclaraciones de interés general.

Pero la capacidad que demuestran es tan ridícula como algunas de las preguntas que hace la oposición.

Unos porque intentan poner en un brete al gobierno con preguntas capciosas, y los otros porque no entienden que son ellos los que han de contestar y someterse al control de la oposición, intentando ser ellos los que realicen ese control.

Vamos que todos son oposición del otro, con independencia del rol que jueguen, haciéndose oposición ellos mismos.

Hay una reflexión que no quiero dejar en el tintero:

Soy de los que creen que son mínimas las diferencias identitarias entre territorios, ninguna diría yo, y por eso huyo de cualquier tipo de nacionalismo y hoy, por enésima vez he podido corroborarlo.

Los representantes en el Congreso de los Diputados y en el Parlament de Catalunya trabajan bajo directrices y consignas idénticas que, seguro, deben estar basadas en el mismo manual de supervivencia personal donde las prioridades no son las que deberían ser, y donde la inoperancia e incompetencia es un valor.


dissabte, 29 d’agost de 2020

CESPA en Sant Feliu de Guíxols. Recurrente

Es recurrente que las empresas concesionarias de recogida de basuras y limpieza de poblaciones aproveche la repercusión que tiene su actividad en el municipio para que el ayuntamiento de turno se sienta presionado y, modificando el contrato de concesión, mejore las condiciones de laborales de los trabajadores.

Y hablo de la empresa, no únicamente de los trabajadores pues, tanto a la patronal como a operarios les interesa sobremanera que la entidad local intervenga activamente en la negociación colectiva.

Es legítimo que los trabajadores utilicen todos los medios a su alcance para mejorar sus derechos laborales, pero siempre desde la legitimidad más exquisita, cosa que no ocurre en este caso pues, me da la sensación, que ni tan solo han iniciado las negociaciones del convenio colectivo.

No es la primera vez que los trabajadores de CESPA en Sant Feliu han utilizado este mecanismo de presión y yo, como Regidor, tuve que actuar en consecuencia en más de una ocasión. De hecho, una de mis primeras intervenciones en mi primera legislatura fue gestionar una convocatoria de huelga “provocada y auspiciada” por la ineptitud del anterior equipo de gobierno y “aprovechada” por los trabajadores.

Pero desde el convencimiento de que las relaciones laborales deben ser pactadas por las partes afectadas, que son la empresa concesionaria y sus empleados, nos mantuvimos firmes en ese principio, defendiendo que el Ayuntamiento no es parte en la negociación colectiva ni debe participar en la misma.

Entiendo que esta actitud debería ser la que debería mantener el Equipo de Gobierno Municipal, y ni tan solo reunirse con los trabajadores por este tema.

Quiero de todos modos, añadir una reflexión para los trabajadores de CESPA, que también son parte de la ciudadanía de Sant Feliu de Guíxols: esta presión no la hacen únicamente contra el Ayuntamiento sino contra todos los ciudadanos y ciudadanas, y cualquier mejora laboral que consigan fuera de la concesión y que el Ayuntamiento sufrague repercutirá en su bolsillo positivamente, pero también incidirá negativamente en las arcas municipales, algo que deberemos compensar toda la ciudadanía. Ellos también.



dijous, 27 d’agost de 2020

No hacer nada y después pasar ese nada a limpio

Pues estoy de acuerdo con que Pablo Iglesias no comparezca en el Congreso para dar explicaciones sobre posibles delitos de financiación de Podemos pues, como he opinado en más de una ocasión, el Congreso ni los Parlamentos autonómicos, que es donde reside la soberanía popular, no debe hacer juicios paralelos por posibles actos delictivos, pues eso es traspasar la línea de que debe existir entre el poder legislativo y el judicial.

Si un ciudadano, cualquier ciudadano, sea diputado, presidente, vice o rey comete o o es sospechoso de haber cometido un acto delictivo, debe ser la justicia quien actúe, con total celeridad, independencia y transparencia, y desde el respeto a la presunción de inocencia, respetar las decisiones que se tomen.

De hecho, creo que es una falta de respeto que, en el Congreso de los Diputados como en otros parlamentos, se planteen este tipo de comparecencias pues los diputados están para tomar decisiones sobre temas que afecten a la población directamente, y no para politizar la justicia en temas que sólo les afectan a ellos, convirtiendo estas instituciones en un espectáculo mediático sin sentido.

Eso sí, desde el primer momento en que se solicita, la mencionada comparecencia se convierte en portada, proyectando al exterior el ingente e intenso trabajo que hacen nuestros representantes políticos.

¡Como si ahora no hubiese temas que merecen toda la atención y dedicación!

A veces tengo la sensación de que en algunos casos (que no digo todos que sí muchos), la consigna de algunos políticos es “No hacer nada para después pasar ese nada a limpio”.


diumenge, 16 d’agost de 2020

Sólo la muerte no tiene solución

Era consciente de que su acto provocaría consecuencias inmediatas entre sus familiares, pero precisamente por ellos tomaba una decisión sin vuelta atrás, sin retorno, aunque con la remotísima esperanza de que, en el último momento, antes de cruzar aquella línea que separa la luz de la tiniebla, se produjese un milagro evitando el ya deseado, que no codiciado, final.

Opinando gratuitamente, unos lo tratarían de cobarde o de valiente, pero la verdad es que poco le importaba, pues sólo él conocía los verdaderos motivos para apagar definitivamente su mirada.

Seguro que alguien cuestionaría el mecanismo por el que había optado, sin analizar que la muerte dulce no era la más fácil, sino la que entrañaba más determinación, pues era necesaria una voluntad férrea para seguir hasta el fatal desenlace, al contrario que en un ya iniciado salto al vacío, donde recular es imposible.

Hizo lo que quiso y sólo él fue responsable de aquel acto preparado, meditado y en respuesta a una situación que veía insostenible entendiendo, en su particular fiel de la balanza, que era más valiosa su desaparición que el dolor que causaría, olvidando que “todo tiene solución, salvo la muerte” 

(Microrrelato XL)


diumenge, 9 d’agost de 2020

Máscaras. Hablar con la mirada

Ya son un elemento que en muchos casos me coloco casi por inercia en el rostro por lo que, de manera inexorable, las máscaras dejarán de ser ese objeto artificial que todavía ahora me produce incomodidad, para convertirse en una natural prenda sin la que no saldré de casa.

Pero esas máscaras me obligarán a afinar mis sentidos, pues únicamente la mirada me permitirá adivinar los verdaderos sentimientos de la persona que tengo delante pues serán los ojos,  como espejo del alma, quienes proyectarán su interior real, pues los labios, la nariz o hasta el rubor, que también podrían delatar una posible falsedad, serán invisibles tras ese parapeto facial.

Será una ardua tarea interpretar con acierto la mirada, pero si en muchos casos resultará difícil adivinar con quien voy a hablar, mucho más complicado será saber si con quien lo estoy haciendo, se mueve en parámetros de sinceridad.

No sé si la naturaleza será lo suficientemente ágil para adaptarse y permitir que sean los ojos la principal vía de comunicación entre las personas, pero estoy seguro que debemos impulsar la necesaria evolución para conseguirlo.

(Microrrelato XL)


dilluns, 3 d’agost de 2020

No frivolicemos con la cultura


Para la UNESCO, la cultura permite al ser humano la capacidad de reflexión sobre sí mismo, y a través de ella, el hombre discierne valores y busca nuevas significaciones. Afirmando además que según el enfoque analítico que se siga puede ser clasificada y definida de diferentes y diversas maneras.

Desde este punto de vista, en la definición de cultura podría “caber todo”, algo que ha permitido de manera torticera a algunos sectores de la sociedad, “aprovechando” la complicada situación social y económica provocada por la crisis sanitaria de la COVID19, banalizar sobre la cultura, subyugándola a intereses que poco o nada tienen que ver con el desarrollo del juicio crítico que la cultura incentiva en el ser humano.

Aludía Emma Riverola, en un artículo titulado “la cultura no merece tanto desprecio” publicado en el Periódico, a la suspensión de las actividades culturales durante esta crisis, anteponiendo a esta decisión el clamor colectivo de que “la cultura es segura” pues, las actividades culturales han cumplido de manera estricta los protocolos de seguridad.

Siendo así, -que en líneas generales no lo pongo en duda, aunque imágenes quedan en la retina de casos en que no es así-, cabría preguntarse qué entiende cada uno por cultura y si en la defensa que se hace desde diferentes sectores se debe defender con tanta vehemencia algunas manifestaciones que, según definición, pueden considerare como culturales, pero desde la seriedad del momento, deberían quedar excluidas de esa concepción.

Sinceramente no creo que sea de recibo poner al mismo nivel de interés cultural el desarrollo de un espectáculo del Grec, por ejemplo, al de una actuación de una orquesta o grupo en cualquier localidad pues, ni los intereses son los mismos ni la repercusión cultural al desarrollo del juicio crítico del ser humano tampoco, aunque ambos acontecimientos respondan a supuestos intereses culturales, uno más supeditado a la cultura económica o comercial que el otro.

Y, por descontado, a pesar de que los protocolos de seguridad puedan ser marcados “a priori” por los organizadores, pues debe entenderse que de no ser así no estarían autorizados, el grado de cumplimiento, por más de un motivo personal o logístico, no puede ser el mismo.

El hacer una defensa a ultranza de la cultura, ¡que debe hacerse!, sin haber conceptuado aquello que la sociedad debe priorizar como de interés cultural general, nos puede llevar a la frivolización de la cultura, algo que no nos podemos permitir.



dissabte, 25 de juliol de 2020

Museu Thyssen a Sant Feliu? Sí!


Sí sense dubtes.

Però fins aquí doncs, com no podia ser d’altra manera, moltes són les qüestions que es susciten a partir d’aquesta afirmació taxativa i que poden supeditar que un projecte que hauria de merèixer una acceptació general, no sigui recolzat pel conjunt de la ciutat, entrebanc important que l’Ajuntament no ha sabut vèncer.

El Museu Thyssen a Sant Feliu, SÍ amb majúscules, però amb reticències; no en va estem parlant d’un projecte ambiciós que hipotecarà la ciutat durant molts anys, doncs un cop iniciat no hi haurà possibilitat de rectificació.

No crec que annexar un nou equipament a un element arquitectònic de més de 1000 anys, com el monestir, sigui una bona idea, malgrat es facin esforços d’integració, doncs la diferència temporal és massa gran, i serà ineludible el fet que el monestir benedictí pateixi una lògica agressió patrimonial, tècnica i arquitectònica que afectarà a la seva visualitat, i que traurà valor a l’element cultural de “ciutat” que, ara per ara, marca la diferència històrica amb les localitats del nostre entorn.

Aquí em ve a la a la memòria el Castell de Santa Ana, a Castro Urdiales, on es va annexionar en els murs exteriors d’una edificació datada abans del segle XII, un visible ascensor de vidre. Un veritable nyap, per molt pràctic que fos.

Ningú podrà dir que no hi ha a Sant Feliu altres indrets per a construir el museu, sense córrer el risc de fer malbé el Monestir posant en perill el nostre patrimoni històric.

Però penso que hi ha una reflexió obligada, més enllà del que representa la construcció del nou equipament i dels 7 milions d’euros d’inversió que es preveuen i que, vist el respecte que demostra aquest Ajuntament als pressupostos d’obres executats, segur serà molt més elevat.

Em refereixo a l’amortització i rendibilitat d’aquesta important xifra, doncs serà a partir del 2024, previsible data d’inauguració, quan els ciutadans i ciutadanes de Sant Feliu tindrem constància de si podrem assumir aquesta espècie d’aposta hipotecària.

És després de l’adquisició quan comença el veritable esforç financer, doncs aconseguir diners per comprar pot ser senzill, però fer el manteniment és molt més onerós i dificultós, sobretot quan no hi ha cap garantia de que aquesta inversió generi retorn econòmic tangible.

En aquest moment sembla que hi haurà diners per a construir el museu, encara que la major part els posem els ciutadans mitjançant les arques municipals, aguantant la burla quan afirmen, alhora, que el Museu Thyssen a Sant Feliu és un “projecte de país”, malgrat la Generalitat no posa un euro.

I clar, si no posa un euro ara per a construir, quina garantia hi ha de que el posin per a sustentat i fer sobreviure el projecte, fent-lo sostenible i viable?. Cap ni una.

Per a que realment fes creïble que estem davant un projecte país, l’aportació de l’Ajuntament hauria de ser merament logística i infraestructural, i el gruix de d’inversió a càrrec dels estaments supramunicipals, especialment de la Generalitat, i abans d’iniciar-ho, tenir pactada la gestió des de l’Ajuntament, amb totes les garanties de manteniment i desenvolupament futures.

Un projecte d’aquest tipus mereix una atenció especial i, malauradament, em dona la sensació que, per qüestions mediàtiques, l’Ajuntament ha optat per allò de que “Deu proveirà”