diumenge, 9 d’agost de 2020

Máscaras. Hablar con la mirada

Ya son un elemento que en muchos casos me coloco casi por inercia en el rostro por lo que, de manera inexorable, las máscaras dejarán de ser ese objeto artificial que todavía ahora me produce incomodidad, para convertirse en una natural prenda sin la que no saldré de casa.

Pero esas máscaras me obligarán a afinar mis sentidos, pues únicamente la mirada me permitirá adivinar los verdaderos sentimientos de la persona que tengo delante pues serán los ojos,  como espejo del alma, quienes proyectarán su interior real, pues los labios, la nariz o hasta el rubor, que también podrían delatar una posible falsedad, serán invisibles tras ese parapeto facial.

Será una ardua tarea interpretar con acierto la mirada, pero si en muchos casos resultará difícil adivinar con quien voy a hablar, mucho más complicado será saber si con quien lo estoy haciendo, se mueve en parámetros de sinceridad.

No sé si la naturaleza será lo suficientemente ágil para adaptarse y permitir que sean los ojos la principal vía de comunicación entre las personas, pero estoy seguro que debemos impulsar la necesaria evolución para conseguirlo.

(Microrrelato XL)


dilluns, 3 d’agost de 2020

No frivolicemos con la cultura


Para la UNESCO, la cultura permite al ser humano la capacidad de reflexión sobre sí mismo, y a través de ella, el hombre discierne valores y busca nuevas significaciones. Afirmando además que según el enfoque analítico que se siga puede ser clasificada y definida de diferentes y diversas maneras.

Desde este punto de vista, en la definición de cultura podría “caber todo”, algo que ha permitido de manera torticera a algunos sectores de la sociedad, “aprovechando” la complicada situación social y económica provocada por la crisis sanitaria de la COVID19, banalizar sobre la cultura, subyugándola a intereses que poco o nada tienen que ver con el desarrollo del juicio crítico que la cultura incentiva en el ser humano.

Aludía Emma Riverola, en un artículo titulado “la cultura no merece tanto desprecio” publicado en el Periódico, a la suspensión de las actividades culturales durante esta crisis, anteponiendo a esta decisión el clamor colectivo de que “la cultura es segura” pues, las actividades culturales han cumplido de manera estricta los protocolos de seguridad.

Siendo así, -que en líneas generales no lo pongo en duda, aunque imágenes quedan en la retina de casos en que no es así-, cabría preguntarse qué entiende cada uno por cultura y si en la defensa que se hace desde diferentes sectores se debe defender con tanta vehemencia algunas manifestaciones que, según definición, pueden considerare como culturales, pero desde la seriedad del momento, deberían quedar excluidas de esa concepción.

Sinceramente no creo que sea de recibo poner al mismo nivel de interés cultural el desarrollo de un espectáculo del Grec, por ejemplo, al de una actuación de una orquesta o grupo en cualquier localidad pues, ni los intereses son los mismos ni la repercusión cultural al desarrollo del juicio crítico del ser humano tampoco, aunque ambos acontecimientos respondan a supuestos intereses culturales, uno más supeditado a la cultura económica o comercial que el otro.

Y, por descontado, a pesar de que los protocolos de seguridad puedan ser marcados “a priori” por los organizadores, pues debe entenderse que de no ser así no estarían autorizados, el grado de cumplimiento, por más de un motivo personal o logístico, no puede ser el mismo.

El hacer una defensa a ultranza de la cultura, ¡que debe hacerse!, sin haber conceptuado aquello que la sociedad debe priorizar como de interés cultural general, nos puede llevar a la frivolización de la cultura, algo que no nos podemos permitir.



dissabte, 25 de juliol de 2020

Museu Thyssen a Sant Feliu? Sí!


Sí sense dubtes.

Però fins aquí doncs, com no podia ser d’altra manera, moltes són les qüestions que es susciten a partir d’aquesta afirmació taxativa i que poden supeditar que un projecte que hauria de merèixer una acceptació general, no sigui recolzat pel conjunt de la ciutat, entrebanc important que l’Ajuntament no ha sabut vèncer.

El Museu Thyssen a Sant Feliu, SÍ amb majúscules, però amb reticències; no en va estem parlant d’un projecte ambiciós que hipotecarà la ciutat durant molts anys, doncs un cop iniciat no hi haurà possibilitat de rectificació.

No crec que annexar un nou equipament a un element arquitectònic de més de 1000 anys, com el monestir, sigui una bona idea, malgrat es facin esforços d’integració, doncs la diferència temporal és massa gran, i serà ineludible el fet que el monestir benedictí pateixi una lògica agressió patrimonial, tècnica i arquitectònica que afectarà a la seva visualitat, i que traurà valor a l’element cultural de “ciutat” que, ara per ara, marca la diferència històrica amb les localitats del nostre entorn.

Aquí em ve a la a la memòria el Castell de Santa Ana, a Castro Urdiales, on es va annexionar en els murs exteriors d’una edificació datada abans del segle XII, un visible ascensor de vidre. Un veritable nyap, per molt pràctic que fos.

Ningú podrà dir que no hi ha a Sant Feliu altres indrets per a construir el museu, sense córrer el risc de fer malbé el Monestir posant en perill el nostre patrimoni històric.

Però penso que hi ha una reflexió obligada, més enllà del que representa la construcció del nou equipament i dels 7 milions d’euros d’inversió que es preveuen i que, vist el respecte que demostra aquest Ajuntament als pressupostos d’obres executats, segur serà molt més elevat.

Em refereixo a l’amortització i rendibilitat d’aquesta important xifra, doncs serà a partir del 2024, previsible data d’inauguració, quan els ciutadans i ciutadanes de Sant Feliu tindrem constància de si podrem assumir aquesta espècie d’aposta hipotecària.

És després de l’adquisició quan comença el veritable esforç financer, doncs aconseguir diners per comprar pot ser senzill, però fer el manteniment és molt més onerós i dificultós, sobretot quan no hi ha cap garantia de que aquesta inversió generi retorn econòmic tangible.

En aquest moment sembla que hi haurà diners per a construir el museu, encara que la major part els posem els ciutadans mitjançant les arques municipals, aguantant la burla quan afirmen, alhora, que el Museu Thyssen a Sant Feliu és un “projecte de país”, malgrat la Generalitat no posa un euro.

I clar, si no posa un euro ara per a construir, quina garantia hi ha de que el posin per a sustentat i fer sobreviure el projecte, fent-lo sostenible i viable?. Cap ni una.

Per a que realment fes creïble que estem davant un projecte país, l’aportació de l’Ajuntament hauria de ser merament logística i infraestructural, i el gruix de d’inversió a càrrec dels estaments supramunicipals, especialment de la Generalitat, i abans d’iniciar-ho, tenir pactada la gestió des de l’Ajuntament, amb totes les garanties de manteniment i desenvolupament futures.

Un projecte d’aquest tipus mereix una atenció especial i, malauradament, em dona la sensació que, per qüestions mediàtiques, l’Ajuntament ha optat per allò de que “Deu proveirà”
   

diumenge, 12 de juliol de 2020

San Fermín desde la distancia


Enviado al Concurso Internacional de Microrrelatos de San Fermín 2020

"Como poco han sido 14000 kilómetros los que he recorrido durante estos últimos 25 años para disfrutar de las fiestas de San Fermín, muchos más si nos remontamos atrás en el tiempo, cuando había gozado de esta celebración con mi padre.


Tras la bendición del patrón en Santo Domingo, han sido 200 encierros en cinco lustros, con sus particulares 850 metros de carreras, pasando por el Ayuntamiento, la calle Estafeta y su curva, hasta llegar a la plaza de toros, lo que permite afirmar que, casi obligatorio, es que uno disfrute de la experiencia de estas fiestas, aunque solo sea una vez en la vida, y no solo por el derroche de adrenalina de esas carreras de apenas unos escasos minutos, sino por todo lo que acontece antes y después.

Vivir San Fermín deja una huella imborrable en cada uno de nuestros sentidos, y aun residiendo a más de quinientos quilómetros, el haber participado presencialmente hace ya muchos años, hace que sea imposible definir como virtual gozar la fiesta desde el sillón y ante una pantalla, pues se sigue disfrutando de la visión, de los olores, del gusto, del tacto y el sonido hasta que se entona el “pobre de mi”"

dimecres, 8 de juliol de 2020

Microrrelatos los niños del paraguas


Dos microrrelatos que envié al concurso "Los niños del paraguas" que organizó la empresa Municipal Aguas de Cádiz en su 25 aniversario.

"¡Agua a la vista!
Era lo bastante grande para imaginar que el mango era el mástil de un velero como los que cada día veían en el puerto y ellos eran lo suficientemente pequeños como para, acomodados en el estrecho e inestable interior del paraguas puesto al revés, pudiesen imaginar ser dos experimentados navegantes.
Una lluvia inesperada y no muy intensa, que de momento solo humedecía su ropa, aumentó las posibilidades de su aventura dándose órdenes uno a otro pues, en aquella pequeña nave, los dos eran sendos patrones.
Pero la lluvia que poco a poco arreciaba y que amenazaba con hacerles zozobrar, les hizo maniobrar de manera sincronizada, y saltando de la cubierta se colocaron bajo la quilla, no para resguardarse, que también, sino para recoger el agua en el interior del sombrero impermeable del paraguas.
Hoy se iba a hacer realidad La idea que a los dos niños les rondaba por la cabeza hacía tiempo, pues podrían demostrar a aquellos que reivindicaban la importancia de ahorrar agua, lo que podrían lograr si convirtiesen el paraguas en una gran nave.
Cruzando el mar de lluvia con el paraguas en la cabeza, los dos se veían gritando ¡agua a la vista!"

"Bailando bajo la lluvia
Ensimismados veían cómo bailaba y saltaba al ritmo de la música, pero, sobre todo, envidiaban cómo chapoteaba divertido en los charcos que la lluvia iba dejando a su paso.
El paraguas complementaría el juego con el que Pablo y Virginia tenían previsto pasar la tarde, una vez el Morfeo vespertino evitase que los abuelos les impidiesen salir al patio a retozar entre el agua que caía a raudales.
No había farola para encaramarse y saltar al inundado suelo para salpicar cuanto más mejor, pero el avellano que utilizaban habitualmente para sus juegos serviría para ese menester, aunque en este caso lo importante era el agua y el paraguas que deberían compartir, pero, sobre todo, las ganas incontenibles de quedar calados hasta los huesos.
Fue corto pero intenso, hasta que el abuelo se asomó para ordenarles entrar, amenazándolos con el correspondiente resfriado, aunque unos labios que regañaban, pero a la vez escondían una sonrisa, indicaban que ganas no le faltaban para unirse a los niños.
De hecho, al recoger el paraguas y con aparente enfado acompañar a Pablo y Virginia a abandonar esa danza, no pudo reprimir silbar y hacer un amago de paso, imitando al bailarín que tanto admiraba"




dilluns, 6 de juliol de 2020

Inconsciente valentÍa


“Me darás lo que saques, y algo más, ¿no?”

Desvío mi mirada de la pantalla del cajero automático y la dirijo hacia la voz que a mi espalda hace esa pregunta, apareciendo ante mi un rostro con máscara y una mano armada con un pequeño estilete.
   
¡No!, ha sido mi respuesta de la que reconozco haberme arrepentido inmediatamente, aún después de reponerme de mi propia osadía y ver reflejada en los ojos del individuo la sorpresa por mi taxativa negativa.

Eso me ha animado a decirle, con fingida valentía, que “prefiero me pinches, a privarles a mis nietos de la ayuda que precisan de su abuelo”

Dos segundos han pasado desde que ese atracador “en grado de tentativa”, sin dejar de mirarme se ha girado y ha optado por marchar andando apresuradamente, musitando algo que yo he querido entender como “lo siento”.

(Microrrelato presentado en el concurso de relatos de Barberà del Vallés)

diumenge, 17 de maig de 2020

Microrrelatos


Sin más pretensión que participar, estos son los dos microrrelatos que he enviado al concurso 7 cepas.


"Y todo comenzó con una copa de vino que, con certero acierto, casi de manera sacra y con el sonido discreto que merecía la ocasión, había vertido en ese cáliz de cristal de tacto frío que encerraba el espléndido caldo que anhelaba con avidez que escapase, para que depositase sus aromas en una pituitaria expectante para acompañar después, al elenco de sabores que tomarían con reverencia mis papilas gustativas, que viendo el color nítido de ese néctar de los dioses presagiaban el placer de los sentidos.
En torno a esa copa de vino, el sentido común había armonizado con la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, los seis sentidos de los que dependo"

"Y todo empezó con una copa de vino, cuando el maridaje entre una intensa lectura y la avidez por saborear aquel líquido sagrado provocó un temblor que acabó mostrando en cuántas piezas puede descomponerse un cáliz de cristal al estrellarse en el frío suelo. la duda estaba en dilucidar cuál era la prioridad, pues apartar la vista del negro sobre blanco era renunciar a ser el protagonista de un intenso argumento; y continuar sumido en esa historia sin la compañía de una copa de buen caldo, implicaba quitar el embrujo que el vino aportaba a la propia obra.
Juro por Baco que no sabría qué decidir de encontrarme en esa encrucijada"